In El Universal

Confiados en haber encontrado la mágica rueda de la fortuna, los venezolanos abrieron sus carteras para depositar en Stanford International Bank, una entidad financiera con base de operaciones en la isla de Antigua, entre 2 mil 300 y 3 mil millones de dólares.

Este es un banco con una característica especial, capta depósitos pero no presta, sino que utiliza los recursos de la clientela para invertir en acciones, bonos y, como ahora se sabe, bienes raíces.

La investigación del organismo supervisor en Estados Unidos, la Securities and Exchange Commision (SEC) determina que Stanford International Bank contaba, al cierre de noviembre de 2008, con 8 mil 500 millones de dólares en activos, de los cuales, 8 mil 400 millones estaban colocados en el portafolio de inversiones.

Para captar, básicamente Stanford International Bank ofrecía su producto estrella: certificados de depósitos que en 2008 reportaban un rendimiento excepcional de 5,3% por una colocación a tres años, cuando el resto de los bancos sólo garantizaba hasta 3,2%.

El imán de los certificados de depósitos había llevado a manos de Stanford, al cierre de 2007, unos 6 mil 700 millones de dólares.

El dinero de los clientes se repartía en tres gavetas. En la primera, se encontraba 9% de los recursos; en la segunda, 10% y en la tercera, 81%.

La SEC afirma que el dinero colocado en la tercera gaveta se encuentra en «activos desconocidos», únicamente bajo el aparente control de dos personas: Allen Stanford y James Davis.

De hecho, sólo la gaveta dos tenía el monitoreo de un grupo de analistas de inversión.

Si bien las promociones del banco le aseguraban a la clientela que el dinero estaba soportado por activos líquidos y diversificados, lo cierto es que el grueso de los fondos está colocado en bienes raíces y acciones de empresas que no cotizan en la bolsa.

Los representantes de Stanford señalaban a sus clientes que el regulador de Antigua auditaba sus estados financieros, pero esto resultó completamente falso.

En realidad, los estados financieros del millonario portafolio de inversiones eran auditados por una pequeña firma de Antigua, Hewlett & CO.

Los investigadores han tratado de localizar a personal de Hewlett & CO; pero nadie atiende al teléfono.

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