“Don” Emilio Botin y su Banco Santander se proponen vender el Banco de Venezuela al gobierno encabezado por el Comandante Hugo Chávez.
Si bien es legítimo disponer de su propiedad y vender el banco, particularmente con vista al sombrío panorama que se vislumbra en Venezuela por la destrucción de PDVSA y todas las áreas productivas del país, y particularmente del sector privado, así como del latrocinio continuado de las arcas públicas, el banquero también tiene una responsabilidad fiduciaria con su clientela, con el dinero cuyo cuido se le ha encomendado y la información que de la clientela reposa en los archivos del banco que es, por su naturaleza, confidencial.
El Banco de Venezuela no sólo tiene información de las operaciones de crédito y depósitos de su clientela; en sus archivos también reposa información histórica, inclusive de los depósitos de la clientela en las subsidiarias del Santander en Curacao, Miami y otras jurisdicciones que sirvieron de garantía a operaciones crediticias celebradas con el Banco de Venezuela.
Al convenir en venderle el Banco de Venezuela al gobierno de Chávez, Botín y el Santander estarán entregándole no sólo los depósitos del público y la cartera de operaciones activas, sino también la totalidad de la información histórica que reposa en los archivos y computadores del banco respecto de sus depósitos en el extranjero. Toda esta información terminará sin duda en manos del SENIAT y, probablemente, también las manos del hampa común (de la cual los “head hunters” del gobierno reclutan a sus funcionarios), quien la usará para determinar los más atractivos candidatos a ser secuestrados. No debemos ser cándidos y pensar que esa información será resguardada: el mejor ejemplo de que la información pública se usa con fines nefastos es la data del Referendum Revocatorio filtrada por el CNE para las persecuciones de la Lista Maisanta y Tascón.
Así las cosas, a “Don” Emilio y al Santander poco le importan su clientela y sus deberes fiduciarios; sólo les importa llevarse el botín antes de que la nave se hunda, sin importar las consecuencias a su clientela.
Al ser increpado por VenePirámides, «Don» Emilio dijo: «Si Chávez nos pone a escoger entre unas pelas y los clientes de Venezuela, pues naturalmente escogemos las pelas. El muerto al hoyo y el vivo, pues al bollo!»