Adoctrinamiento, control social y expansión ideológica: la trampa del dogma comunista cubano

El adoctrinamiento, control social y expansión ideológica constituyen la base del modelo comunista que Cuba exportó a Venezuela, el cual a través del miedo como herramienta moldea las mentes de la población.

En conversación de Venezuela Política y Sin Filtros con Daisy Kramer —nacida Daisy Cao—, exintegrante de la estructura social y comunicativa de la revolución cubana, dejamos sentados los mecanismos del dogma comunista y chavista que pretende imponerse como verdad única e innegable.

La trampa del dogma queda al descubierto con el testimonio de esta mujer que relata su transición desde el idealismo revolucionario hasta el desencanto total con el comunismo. A través de su experiencia personal, explica cómo la narrativa de igualdad social y justicia utilizada por Fidel Castro resultó ser una estrategia de manipulación psicológica para consolidar una dictadura opresiva.

Daisy Kramer advirtió a las nuevas generaciones sobre la infiltración ideológica en instituciones democráticas y el peligro de ceder libertades individuales a cambio de promesas colectivistas inalcanzables.  

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Adoctrinamiento, control social y expansión ideológica: mecanismos de control

La exintegrante de la estructura social y comunicativa de la revolución cubana, Daisy Kramer —su nombre de soltera es Daisy Cao— narró a Venezuela Política y Sin Filtros cómo opera el comunismo y, particularmente el castrismo, a partir de su experiencia personal y vivencial.

Kramer destacó que Cuba funciona como la «cabeza de la serpiente» en la exportación del socialismo, para lo cual ser vale de una «narrativa mágica» que cautiva a la juventud mediante el altruismo, para luego establecer sistemas de vigilancia absoluta y represión.

Refirió que, para lograr este cometido, el castrismo se vale de mecanismos de control, tales como la implementación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y el desarme de la población como pilares de la permanencia del régimen.

Aclaró la dualidad ideológica imperante en la isla antillana, donde Fidel Castro mantenía un perfil prosoviético, entretanto, Raúl Castro se perfiló por un modelo pro-china/maoísta.

Explicó el papel del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y el uso de conferencias internacionales para penetrar ideológicamente en el hemisferio, lo que incluye Estados Unidos, México y Venezuela.

Sentenció que el fracaso económico es la impronta que marca la transición de una sociedad con clase media a una de indigencia generalizada, donde la élite gobernante mantiene privilegios exclusivos.

La narrativa revolucionaria y el adoctrinamiento inicial

Daisy Kramer refirió que el éxito inicial de la revolución cubana tuvo su sustento en una construcción discursiva que apelaba a la justicia social y al nacionalismo, una narrativa que ocultaba sus objetivos finales.

La promesa de igualdad: el discurso se centró en la eliminación de las diferencias entre ricos y pobres, lo que capturó la naturaleza altruista de los jóvenes.

El engaño de la identidad: Kramer refirió que, inicialmente, Fidel Castro presentó la revolución como «tan cubana como las palmas», negando vínculos externos o inclinaciones comunistas para obtener el apoyo popular masivo.

La transformación mental: el proceso de adoctrinamiento utiliza la educación —como las campañas de alfabetización— no solo para enseñar a leer, sino para introducir manuales ideológicos que posicionan al líder como la figura central y necesaria de la sociedad.

Mecanismos de control social y represión

Daisy Kramer advirtió que el mantenimiento del poder en el modelo castrista no depende de la popularidad de sus líderes, sino de una estructura sistémica de vigilancia y miedo.

Refirió que los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) fundados en 1960, son la «obra maestra» de Fidel Castro para el control interno.

La vigilancia vecinal se convirtió en norma al obligar a los ciudadanos a denunciar las actividades y opiniones de sus vecinos.

Kramer indicó con los CDR son estructuras de control político, pues funcionan para identificar a los «desafectos» a la revolución, quienes luego sufren consecuencias laborales o penales.

Es el accionar de estos Comités de Defensa de la Revolución lo que garantiza la asistencia masiva y forzada a las concentraciones masivas, pues sus dirigentes anotan quién asiste y quién no. Es decir, el comunismo utiliza el miedo como motor de movilización.

El desarme y la opresión

Daisy Kramer hizo mención a otra de las estrategias del comunismo, a saber, el desarme y la opresión.

Informó que entre 1959 y 1960, el régimen cubano procedió a recoger las armas de la población y de los trabajadores, lo que eliminó cualquier posibilidad de resistencia física.

De igual manera, estableció una opresión constante mediante la solicitud de documentos de identidad en cualquier lugar, lo que creó un estado de sitio permanente.

Estructura económica y desigualdad sistémica

Daisy Kramer reveló que existe una profunda brecha entre la retórica de igualdad y la realidad de la cúpula gobernante en Cuba y, por extensión, en los regímenes comunistas, como el chavismo en Venezuela.

En materia de vivienda, la población cubana en general vive en la indigencia y padece la falta de servicios y acumulación de basura, entretanto la cúpula —familia Castro y la élite— reside en zonas cercadas y restringidas.

Asimismo, mientras el pueblo cubano vive una escasez crítica y debe mantenerse con una dieta basada muchas veces en agua con azúcar, la cúpula castrista tiene propiedades con ganado propio y recursos garantizados.

Mientras la población carece de bienes de lujo e, incluso, se le restringen y controla el acceso a juguetes para los niños, la élite cubana disfruta de yates, viajes por Europa y posesión de bienes y negocios.

Entretanto, al pueblo cubano se le prohíbe tener negocios privados, la cúpula castrista tiene control total de los negocios y divisas de la isla.

Puntualizó Daisy Kramer que el régimen utiliza sistemáticamente la figura del imperialismo estadounidense y el embargo para justificar la escasez interna, a pesar de que la falta de producción se deriva de la estructura del sistema y la falta de libertad económica.

Exportación ideológica

Cuba mantiene una estrategia deliberada de expansión ideológica desde los primeros meses de la revolución.

Daisy Kramer señaló que, en los inicios de la revolución cubana, en enero de 1959, Fidel Castro visitó Venezuela para lanzar la idea de unir a América Latina bajo su liderazgo.

Asimismo, llevó a cabo la Tricontinental en 1966, un evento clave que reunió a la izquierda de tres continentes con el objetivo de coordinar la lucha contra Estados Unidos.

Refirió que la creación delInstituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) fue unos de los hitos de la revolución cubana, puesto que este organismo se dedica a la labor ideológica y al espionaje a nivel mundial, con un organigrama que llega hasta Oceanía.

Hizo mención a la infiltración cubana que, por ejemplo, México, es un objetivo de la revolución que aspira a convertir el referido país al socialismo mediante la creación de negocios fachada —como peluquerías— para captar información y crear redes de influencia.

Destrucción de la individualidad

El testimonio de Daisy Kramer ofrece una visión sobre la dificultad de la «desconexión» ideológica pues, incluso, tras sufrir persecución laboral y ver la opresión, el proceso de reconocer el fracaso del sistema puede tomar años.

La vivencia de Kramer lleva a concluir que el modelo cubano se sostiene sobre la destrucción de la individualidad en favor de un colectivismo controlado por una élite rica.

La experiencia de Daisy Kramer alerta de que la seguridad del hemisferio se ve comprometida por la presencia de bases de potencias extranjeras —China y Rusia— en territorio cubano y por la continua labor de infiltración ideológica que aprovecha la vulnerabilidad de la juventud y el desconocimiento de los resultados históricos del sistema comunista.

Vea en Sin Filtros “La reconversión mental de los jóvenes chavistas y castristas”: