Certificar a Venezuela y descertificar a Colombia es una contradicción deliberada que obedece a una lógica de fondo
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Muy pocos esperaban una contradicción de semejante tamaño, claramente deliberada, por parte del Gobierno de los Estados Unidos, certificar a Venezuela y descertificar a Colombia por sus resultados contra el narcotráfico en el último año.
Sin embargo, la contradicción es coherente. Porque en el fondo tiene una lógica y un mismo propósito, premiar y condicionar la obediencia sumisa de la presidenta interina de Venezuela y presionar al presidente electo de Colombia para que cumpla, las metas prometidas en la lucha contra el narcotráfico.
La contradicción se vuelve aún más deliberada cuando se analiza el periodo evaluado. Para el caso de Venezuela, la mitad de ese año corresponde a la dictadura de Nicolás Maduro. Para Colombia, casi la totalidad del periodo corresponde a la administración del desgobierno de Gustavo Petro. Y la paradoja es mayor si se tiene en cuenta que Abelardo de la Espriella, en un solo mes de gobierno, supera significativamente los resultados contra el narcotráfico frente a los 8 meses de Delcy Rodríguez.
Surge otra contradicción lógica, mientras la heredera del régimen dictatorial es beneficiada por el Departamento de Estado, el Departamento de Justicia mantiene vigentes las órdenes de captura y las recompensas contra dos alfiles del régimen, Diosdado Cabello y el general Vladimir Padrino López, ambos catalogados por la justicia americana como cabezas del Cartel de los Soles.
En Colombia, las mayorías se movilizaron para sacar del gobierno al Pacto Histórico, que se alió con el narcotráfico, fue cómplice del crecimiento exponencial de los grupos narcoterroristas y permitió el incremento histórico de los cultivos ilícitos y la producción de más de tres mil toneladas de cocaína cada año. Como nunca antes, un presidente de los Estados Unidos, con todo su equipo de gobierno, respaldó y depositó su confianza para asegurar el relevo, en el entonces candidato Abelardo de la Espriella. No obstante, ese respaldo, el ingreso al escudo de las Américas, la reunión en Panamá con el Secretario de Defensa y la visita del Secretario de Estado, no fueron suficientes para alcanzar la certificación.
Ahora bien, así nos cause desazón, la contradicción política del Gobierno de los Estados Unidos tiene una lógica de fondo y es deliberada porque pretende un objetivo superior. No se trataba solo de la extracción de Nicolás Maduro. Se trata de la recuperación de la democracia y, para ello, la estrategia estructurada es de largo plazo, avanza con pinzas, es sistemática y requiere de un esfuerzo insoslayable: remover un inframundo que, por más de dos décadas, instaló infamemente el régimen chavista y madurista, representado en la miseria, la desintegración de la sociedad, la desinstitucionalización del país, la corrupción, el crimen organizado, las guaridas del terrorismo, y las economías criminales. Así como millones de exiliados y víctimas, que hoy reclaman, desesperadamente justicia y reparación.
El historiador y estratega militar rumano-estadounidense, asesor del Pentágono y del Consejo de Seguridad Nacional de EE. UU., Edward Luttwak, escribió una obra magistral: “La lógica paradójica de la estrategia” (1987). La encontré en 1997 en la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) de Argentina, mientras realizaba el curso de Inteligencia Prospectiva. Su tesis, que es la base de lo que hoy denominamos «contradicción coherente» en análisis criminal, plantea que, lo que parece lógico y directo en lo táctico, resulta contradictorio y paradójico en lo estratégico. El camino más obvio suele ser el más peligroso, y la victoria a menudo se alcanza haciendo lo aparentemente ilógico.
Sun Tzu (500 a.C.) decía que toda guerra se basa en el engaño, «cuando seas capaz, finge incapacidad». Clausewitz nos habló de la fricción y la niebla de la guerra: «Todo es muy simple en la guerra, pero lo más simple es extremadamente difícil». Y André Beaufre, general francés, acuñó la teoría de la dialéctica de las voluntades opuestas, exactamente lo que estamos presenciando en Venezuela, se busca también, quebrar la voluntad moral del régimen, aún vigente.
En suma, en estrategia política, la contradicción no es un error. Es un instrumento altamente poderoso, es lo más abstracto, pero determinante en la victoria. ¡Para la muestra un botón!
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