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Se hartó. Obviamente, no es por su sueldo. Ni por los problemas del país, porque vive blindado. Ni por las colas, porque todo se lo traen. Pedro Cortez Rojas, presidente ejecutivo de Telefónica Venezuela, se quiere ir del país. No aguanta más. Se aburrió.

Así se lo ha hecho saber a la Junta Directiva de la central en España, a donde ha ido 3 veces este año a exponer su proyecto: ser nombrado director de la región andina (un puesto que no existe) y mudar su base de operaciones a su natal Perú.

Llegó hace 3 años –por lo cual le quedan aún 2 más de contrato- con la ilusión del salto a las grandes ligas dentro de la empresa. Se casó con una venezolana y parecía haberse adaptado al ritmo del país, pero en el último año implosionó.

Lo que quiere Cortez es, básicamente, lo que le dieron al mediático Juan Antonio Abellán, quien de Telefónica Venezuela y, gracias a los increíbles números que generó acá durante su gestión –en la época del Blackberry y el dólar a 4,3 para todos-, fue catapultado a Telefónica México y de allí, el mismo pidió la creación del cargo de “Director Ejecutivo Región Norte”, capricho que le fue concedido y que es el cargo que actualmente ocupa.

Cortez no ha disfrutado la bonanza de sus predecesores en el cargo, pero es un gerente muy bien valorado dentro de la empresa española. Por lo cual, en su última visita a Madrid, obtuvo un sí provisional a su proyecto. Telefónica lanzó una convocatoria interna a los altos ejecutivos en el continente pero aún nadie se ha postulado al cargo.

Toda la directiva de Telefónica Venezuela está detrás del puesto, pero hay un impedimento: generalmente, la española no suele colocar a un nacional al frente de sus oficinas regionales en nuestro continente. Por lo cual, el requisito principal para el cargo, aparte de tener carrera dentro de la empresa, es ser extranjero.

La clase media de ejecutivos de la casa matriz sí se ha mostrado interesada en concursar por el puesto, y de allí los constantes viajes de Cortez a Madrid a hacer lobby entre ellos, pero todavía la directiva no se casa con la idea de mandar a un ejecutivo medio a la cabeza de una sus operaciones más complicadas.

Y es que, en el fondo, Telefónica quiere a un caballo de batalla capaz de cumplir el sueño del gigante de las telecomunicaciones: una expropiación por parte del gobierno y la posterior liquidación en dólares de la que fue su sucursal más fructífera en la década pasada pero que hoy es un auténtico dolor de cabeza.

Mientras, Pedro Cortez espera a algún ejecutivo calificado que se postule y le ayude a cumplir su aspiración: la de irse demasiado.

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