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05/10/2014 11:47:29 a.m. | Ibis León Malavé.- Las protestas violentas que se iniciaron en Caracas tras la convocatoria hecha por sectores radicales de la oposición, afectaron el regular funcionamiento de las universidades venezolanas. El caso de la Universidad Central de Venezuela (UCV) es emblemático.

Durante los tres meses de conflicto, los estudiantes de la UCV perdieron alrededor de cuatro semanas de clases por las barricadas -montañas de basura y escombros utilizadas para trancar el paso en calles y avenidas-, el cierre de estaciones del Metro de Caracas y la suspensión de servicios en varias rutas de Metrobús por los atentados vandálicos perpetrados por los “guarimberos”, como el Gobierno calificó a estos manifestantes.

Un factor se añadió al clima caldeado que encendía, literalmente, la capital: la llamada flexibilización de actividades.

El Consejo Universitario de esta casa de estudios dictaminó la flexibilización de asistencias y aplicación de cualquier evaluación desde el 19 de febrero hasta el 9 de abril, de acuerdo con información de las minutas publicadas en la cuenta de Twitter de la rectora Cecilia García Arocha, que fue cuestionada por el Gobierno al considerarla una medida que favorecía la protesta (que generalmente se tornaba violenta en la calle), y por sectores de la propia universidad que opinaban que esto generaba preocupación por la finalización del semestre o el año, según el régimen de la carrera, ante la paradoja de que la casa de estudios mantenía sus puertas abiertas, pero el profesor era quien decidía si aplicar o no las evaluaciones.

“Fue una decisión política, porque fíjate que con esta flexibilización seguían las actividades, pero no podías evaluar ni tomar asistencia, esto lo que hacía era generar conflicto entre el estudiante y el profesor que quería ir a manifestar y los que no. La intimidación a los estudiantes y el acoso a los profesores que estábamos en contra de esta medida fue evidente”, declaró Palmira Guevara, profesora de la Escuela de Biología de la UCV.

El 25 de febrero, las tensiones en el Consejo Universitario se incrementaron con la intervención de un grupo de estudiantes que exigió la normalización de las actividades.

Sin embargo, los hechos de violencia protagonizados dentro y fuera del campus propiciaron más suspensiones, aseguró Amalio Belmonte, secretario de la UCV. “Un sector decía que nosotros lo que hicimos fue camuflar una suspensión, pero eso no es verdad. Las limitaciones no vinieron de la universidad, la violencia en la calle y la falla en el servicio de transporte ocasionó más deserción que las medidas tomadas por el Consejo”, dijo.

Admitió que la flexibilización era ambigua, pero que en ese momento las autoridades consideraron que podía haber una combinación perfecta entre las luchas estudiantiles y el desarrollo de las actividades.

El semestre infinito

Una de las consecuencias de la reprogramación académica que tuvo que aplicar esta universidad por la pérdida de clases, fue la supresión de uno de los semestres del año en vista de que el primer período de 2014, que debió terminar en julio, aún está en curso.

Las carreras semestrales se vieron más afectadas que las anuales y el contenido de las materias tuvo que comprimirse en un período más corto. Una consulta realizada por el equipo de Últimas Noticias a estudiantes de distintas facultades reveló que Odontología, Ingeniería, Ciencias Políticas, Derecho y Ciencias Económicas y Sociales fueron las más afectadas, con sus variantes (cada escuela y facultad es autónoma, por lo que algunas avanzaron más que otras en donde, con suerte, verán alrededor de tres semanas de clases en diciembre).

La situación se agravó porque la UCV venía arrastrando una reprogramación desde el paro convocado por profesores en 2013 para exigir reivindicaciones salariales, y al que después se sumó un grupo de la comunidad estudiantil.

Oiralyhn Ochoa, estudiante de Odontología, afirmó que quienes cursan el quinto perdieron prácticamente el año, pues con toda la conflictividad no pudieron terminar el tratamiento de sus pacientes y, en muchos casos, se vieron forzados a empezar de cero. “Nosotros perdimos el año porque si no puedes continuar el tratamiento del paciente por un paro debes iniciar otra vez. Tampoco se encuentra el material pesado ni liviano para hacer las prótesis, y eso nos atrasa más”, explicó.

En otras facultades el calendario de actividades no fue tan trastocado. Casos puntuales como la Escuela de Ciencias Políticas, que logró culminar el semestre I-2014 gracias al acuerdo entre profesores y estudiantes para hacer las evaluaciones. Pero en Derecho -perteneciente a la misma facultad- perdieron alrededor de ocho semanas de clases que tuvieron que reorganizar extendiendo dos meses el año, informó la directora de la escuela, Yaritza Pérez.

En esta escuela también se registró un incremento en las inscripciones para los cursos intensivos de verano y, a juicio de Pérez, esto puede estar asociado al retiro de materias durante los meses de conflicto. El número de cursantes de verano pasó de 900 a 1.300 este año.

En Ciencias, aunque las clases prácticamente no se paralizaron, la poca asistencia dificultó el avance de las materias. Tomás Guardia, director encargado de la Escuela de Matemática, manifestó que sí se perdió el semestre académicamente. “Es cierto que no se puede hablar de la pérdida del semestre administrativamente, pero sí hubo pérdida de semestre académicamente por la irregularidad con que se cubrió el programa”, afirmó.

Las elecciones estudiantiles también se paralizaron. Debieran hacerse el 31 de octubre, pero no se llevarán a cabo porque no pueden asegurar la participación del nuevo ingreso (los estudiantes iniciarán la carrera en noviembre en lugar de octubre). Sobre esto, Enver Conde, consejero universitario, dijo que hay un déficit en la representación estudiantil ante el cogobierno porque no se hacen elecciones desde hace tres años.

Recientemente, una ola de rumores sobre un posible paro profesoral para finales de este año empezó a sonar nuevamente en los pasillos del campus de la máxima casa de estudio. Keta Stephany, secretaria de Fapuv, explicó que el gremio apuesta por el diálogo, pero no descartan convocar a paro de no ser escuchado, lo que agravaría la regularización del calendario universitario.

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