Señalar y juzgar desde la comodidad es fácil. Detrás de la migración venezolana hay familias rotas y una búsqueda honesta de supervivencia que merece dignidad
Texto escrito por: Juan Pablo González
La propuesta de expulsar masivamente a los migrantes venezolanos abre un debate técnico, pero olvida la realidad humana. Como ciudadanos que convivimos día a día con esta crisis, no podemos permitir que las leyes se apliquen congelando el corazón y pisoteando la dignidad.
Si uno sale a caminar por nuestras calles, se da cuenta de una realidad que nadie puede negar: la gran mayoría de los migrantes venezolanos son personas que solo buscan una oportunidad honesta para sobrevivir. Es muy injusto que metamos a todos en la misma bolsa por los errores de unos pocos, armando un rechazo que lo único que hace es hacernos daño a todos.
A veces, como ciudadanos, caemos muy fácil en el error de señalar y juzgar sin tener ni idea de las historias de dolor que la gente carga a la espalda. Detrás de cada persona que vemos trabajando en un semáforo hay una familia separada, sueños rotos y ganas gigantescas de salir adelante con dignidad.
La seguridad de nuestro país no se va a arreglar armando discursos de odio o proponiendo expulsiones a las malas que pasan por encima de los derechos humanos. Una sociedad demuestra que es grande de verdad cuando es capaz de poner orden, claro que sí, pero sin perder nunca el corazón, la compasión y la solidaridad con el que sufre.
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