La salida de Alex Saab no fue un hecho aislado. Con su caída, comenzó un reordenamiento interno en el chavismo que apunta ahora hacia figuras que, durante años, operaron con poder propio dentro del sistema. Uno de los siguientes nombres en la lista es el del fiscal general, Tarek William Saab.
Desde su llegada al cargo, Saab ha sido un actor incómodo para los sectores más duros del chavismo. Su relación cercana con Cilia Flores —detenida hoy en Estados Unidos— fue el principal escudo que lo mantuvo en su puesto, a pesar de contar con escaso respaldo de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, hoy principales administradores del aparato de poder.
Aunque fue ratificado por la Asamblea Nacional hasta el año 2031, el antecedente de la exfiscal Luisa Ortega Díaz demuestra que ese tipo de legitimidad formal puede evaporarse si el alto mando político así lo decide.
Y como ocurrió con la caída de Alex Saab, que arrastró consigo a sus voceros más fieles —como Pedro Carvajalino y Roigar Díaz—, los socios del fiscal general también empiezan a quedar expuestos. El caso más emblemático es el de los hermanos Roberto y Jorge Añez, propietarios de la aerolínea Avior Airlines.
Durante la gestión de Saab como gobernador del estado Anzoátegui (2004–2012), la empresa aérea se vio beneficiada con asignaciones de divisas preferenciales para renovar su flota. Sin embargo, según múltiples investigaciones, ese capital fue empleado en la compra de aviones antiguos —en su mayoría Boeing 737 descontinuados— que hoy mantienen a Avior entre las aerolíneas con peor reputación internacional, según rankings como el de Yahoo! Finance.
Más allá del beneficio económico, diversos reportes han señalado que Saab mantendría una participación oculta en la compañía, facilitando procesos administrativos y normativos a cambio de su tajada, como también habría ocurrido con la constructora Conkor, favorecida durante su gestión como gobernador.
Los hermanos Añez han sido relacionados también con la trama de PDVSA Cripto y la presunta defraudación de más de 400 millones de dólares al Fondo Chino Venezolano. Parte de ese dinero se habría destinado a la construcción de una planta de tratamiento de residuos en el municipio San Francisco del estado Zulia, bajo la alcaldía de Omar Prieto.
A ese círculo se suma Adrián Ruiz, conocido publicista vinculado a Nasar Dagga Mujamad (dueño de las tiendas Daka) y actual CEO de la plataforma de criptomonedas Crixto. Tal como ocurre con Avior y Conkor, detrás del negocio de Crixto estarían, según fuentes investigativas, Tarek William Saab y Roberto Añez, quienes habrían utilizado fondos incautados por el Ministerio Público para financiar el emprendimiento. Esa posible sociedad ayudaría a explicar por qué Añez, a pesar de estar involucrado en casos de alto perfil, no enfrenta órdenes de captura y mantiene un estilo de vida transnacional entre Venezuela, República Dominicana y Estados Unidos.
Lo cierto es que la estabilidad política de Tarek William Saab comienza a resquebrajarse. Con el desmoronamiento del respaldo de Cilia Flores y la presión creciente de los hermanos Rodríguez, el fiscal general parece cada vez más vulnerable. La purga interna no discrimina entre opositores y aliados, y figuras históricas del chavismo como Saab podrían no tener espacio en la nueva arquitectura del poder. Su red de relaciones, negocios y operadores estratégicos, que antes le ofrecían blindaje, hoy lo convierten en un objetivo.