Nicaragua mantiene en alerta a todo el hemisferio

Luego de más de un año sin tener contacto con sus hijos e hijas, a pesar de estar ya casi en los huesos por lo poco y lo mal que las alimentaban, Tamara Dávila y María Oviedo entraron en huelga de hambre: o las dejaban verlos o morían bajo custodia del régimen. Qué más daba, si no verlos era ya una especie de muerte. 

La huelga se convirtió en noticia internacional y la noticia en presión al régimen: a Tamara Dávila y María Oviedo les autorizaron verles en la cárcel. El día que ocurrió, ninguna de las dos podía parar de llorar. Los guardias se los habían prohibido, pero qué madre reprime sus propias lágrimas cuando vuelve a ver a sus hijos, después de que han pasado más de 400 días —9.600 horas, 567.000 minutos— sin tener el privilegio. 

Condenadas —o cerca de estarlo, como en el caso de Taylor—, el giro inesperado en sus historias fueron unas negociaciones secretas entre los gobiernos de Nicaragua y de Estados Unidos. El 9 de febrero de 2023, el régimen de Daniel Ortega sacó súbitamente a 222 presos políticos de las cárceles, les montó en un avión y dio luz verde a su viaje hacia Washington D.C. En ese vuelo iban ellas cuatro. 

Su libertad, sin embargo, tuvo un precio alto. Al aterrizar se enteraron de que el régimen les había quitado la nacionalidad y confiscado sus bienes. Sus nombres dejaron de existir en los registros de Nicaragua, con todas las consecuencias que implica.

Tanto Suyen Barahona como María Oviedo están rehaciendo su vida en Estados Unidos. La exfiscal Oviedo trabaja duro por el futuro de sus hijos, con un problema de incontinencia urinaria que le dejó su paso por el nuevo Chipote. Suyen, por su parte, trabaja con lideresas políticas del Sur Global. Mujeres que han sufrido violencia y represión, como ella misma.

Taylor fue quien más tardó en volver a ver a su hija: más de tres años. Se quedó en California tratando de juntar dinero para darle una vida digna, pero el tiempo sin ella empezó a sentirse demasiado pesado. Se reencontró en 2025 con una niña de 4 años que no la reconocía como su madre. 

Ahora, mientras reconstruye la relación más importante de su vida, navega la burocracia para llegar a España, país que les ofreció la nacionalidad a esos 222 expresos políticos. Tamara Dávila la aceptó de inmediato y acaba de terminar una maestría en Granada.

Cuando los 222 aterrizaron en Washington D.C., la noticia corrió como pólvora entre los “nicas” en ese país, como el esposo y el hijo de Suyen Barahona, quien había cumplido ya 6 años. Cogieron el primer vuelo que encontraron disponible desde Miami hasta el aeropuerto Dulles, donde los recogerían el hermano de Suyen y su esposa. Cuando aparecieron, el niño, ansioso e impaciente, le reclamó a su tío por haber llegado tarde. Mientras el pequeño alegaba, una puerta trasera del vehículo se abrió y una mujer  saltó para sorprenderlo. Al verla, le tomó unos segundos reaccionar. Se acercó. Le tocó la cara. Y dijo: 

— ¿Mama? 

Este artículo se elaboró gracias a la colaboración de Guernica37 y la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras).