Más de 1,7 millones de holoturias salieron del país entre 2021 y junio de 2026. Bitácora Ambiental reconstruyó la cadena comercial del pepino de mar (Isostichopus fuscus), analizó seis años de exportaciones, permisos CITES, documentos judiciales y registros oficiales. El resultado deja una pregunta que las estadísticas públicas no responden: ¿cómo se verifica el origen de cada lote exportado?
Esta historia fue producida con el apoyo de Earth Journalism Network de Internews.
La madrugada del 28 de agosto de 2015, dos hombres cargaban cajas hacia el aeropuerto de Puerto Baquerizo Moreno, en la isla San Cristóbal. Su destino nunca llegó a concretarse. Antes de que el cargamento abandonara Galápagos, agentes de la Policía Nacional interceptaron la operación y descubrieron el contenido de las cajas: 10.357 pepinos de mar (Isostichopus fuscus), una de las especies marinas más emblemáticas y controvertidas del archipiélago.
La Fiscalía los procesó por delitos contra la flora y la fauna silvestres. En la sentencia, los jueces recordaron que el pepino de mar se encuentra protegido por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y que el delito se había cometido dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Uno de los procesados fue condenado a la pena máxima prevista por la ley: tres años de prisión. El segundo recibió una condena como cómplice. Ambos apelaron, pero la Corte Provincial del Guayas confirmó íntegramente la sentencia.
El caso parecía cerrar un capítulo en la lucha contra el tráfico de vida silvestre en Galápagos. Sin embargo, once años después, los decomisos continuaban. En junio de 2026, la Unidad Nacional de Investigación de Delitos Contra el Ambiente y la Naturaleza (UNIDCAN) detectó 403 pepinos de mar ocultos en el equipaje de una ciudadana china que pretendía viajar desde Guayaquil hacia Hong Kong, con escala en Ámsterdam. Ese mismo día, otro operativo realizado en Daule permitió decomisar 255 ejemplares adicionales y detener a tres personas, una de ellas residente en Santa Cruz, Galápagos, y conocida en el medio como comerciante de pepinos de mar.
Una ciudadana China fue detenida con 403 pepinos de mar, quien pretendía viajar en la ruta Guayaquil–Ámsterdam–Hong Kong. Foto: Policía Nacional del Ecuador.
Entre los dos operativos fueron incautados 658 pepinos de mar. Aunque el volumen era inferior al decomiso de 2015, ambos casos tenían un elemento en común: evidenciaban que el tráfico ilegal de esta especie seguía existiendo pese a los años de restricciones, controles y procesos judiciales.
Pero esos decomisos fueron apenas el punto de partida de esta investigación. Bitácora Ambiental analizó las bases de datos del Banco Central del Ecuador, los registros de comercio internacional de CITES, las resoluciones del Parque Nacional Galápagos (PNG), estadísticas pesqueras, documentos judiciales, partes policiales, guías de movilización, estudios científicos y expedientes oficiales para reconstruir la ruta que sigue el pepino de mar desde el mar hasta los mercados internacionales. El resultado fue inesperado.
Entre 2021 y junio de 2026, Ecuador declaró la exportación de 40.463,65 kilogramos de pepino de mar. Utilizando la conversión desarrollada en el 2003 —23,5 gramos de producto seco por individuo, basada en información de la Universidad San Francisco de Quito y la Fundación Charles Darwin— ese volumen equivale aproximadamente a 1’721.858 pepinos de mar.
Las cifras, por sí solas, no prueban ninguna irregularidad. Las exportaciones pueden corresponder a inventarios acumulados, producto proveniente del continente u otras fuentes autorizadas por la normativa. Sin embargo, al contrastarlas con la historia reciente de la pesquería y con la documentación oficial aparece una pregunta que atraviesa todo este reportaje: ¿puede el Estado reconstruir, de manera transparente y verificable, el origen de cada uno de los pepinos de mar que Ecuador exporta?
Pepino de mar (Isostichopus fuscus) en las aguas de la Reserva Marina de Galápagos (RMG). Foto: Archivo 2025 Parque Nacional Galápagos.
La trazabilidad: un sistema que comienza sólido y termina lleno de preguntas
En teoría, cada pepino de mar que sale legalmente de Ecuador debería poder reconstruir toda su historia desde el momento en que fue capturado hasta su llegada al comprador final. La legislación establece una cadena documental diseñada para garantizar ese seguimiento. Cada etapa deja un registro y, en conjunto, esos documentos deberían permitir verificar el origen del recurso.

Todo comienza en Galápagos. La captura solo puede realizarse durante temporadas autorizadas y bajo controles del PNG. Los desembarques registran la embarcación, el sitio de pesca, el número de individuos y el peso obtenido. Posteriormente se emite una Guía de Movilización Comercial, documento que autoriza el traslado del producto desde el archipiélago hacia el continente. En los partes policiales revisados para esta investigación aparece precisamente una de esas guías. La ciudadana china detenida el 10 de junio de 2026 en el aeropuerto de Guayaquil llevaba consigo un documento que amparaba el transporte de pepino de mar cocido en salmuera desde Galápagos hasta Guayaquil.
Hasta ese momento, la trazabilidad parece relativamente clara. Existe un registro del recurso, del lugar de origen y del traslado. Sin embargo, el panorama cambia una vez que el producto llega al continente.
Una vulnerabilidad conocida dentro del sistema
Ese punto de la cadena es precisamente donde, según un guardaparque del PNG, quien pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias laborales, comienzan las principales dificultades para garantizar la trazabilidad del recurso.
De acuerdo con su testimonio, en las islas Isabela y San Cristóbal existiría una práctica conocida por parte del personal operativo: una fracción de los pepinos de mar sería capturada antes de la apertura oficial de la temporada y almacenada hasta que la pesquería sea autorizada. Una vez iniciada la temporada, ese producto ingresaría al sistema como si hubiese sido obtenido legalmente, permitiendo posteriormente su comercialización hacia el continente.
El guardaparque sostiene que esta situación persistiría debido a las limitadas capacidades operativas y técnicas para ejercer controles efectivos en las zonas de extracción. «Los controles no resultan eficaces», afirmó.
La fuente también señaló que existirían posibles conflictos de interés, pues algunos funcionarios que participan en los monitoreos científicos utilizados para recomendar la apertura de la pesquería podrían intervenir posteriormente en actividades relacionadas con la compra y comercialización del recurso. Bitácora Ambiental no pudo verificar de manera independiente esa afirmación, por lo que la incluye como parte del testimonio obtenido durante esta investigación.
Según el guardaparque, las capacidades institucionales también se habrían debilitado tras la reducción de personal registrada en 2025. A su juicio, el PNG quedó operando con recursos mínimos para el control marino, terrestre, turístico y el manejo de especies, situación que habría disminuido la capacidad de fiscalización sobre actividades como la pesquería del pepino de mar.
Estas afirmaciones no constituyen prueba de que los pepinos exportados entre 2021 y 2026 provengan de capturas ilegales. Sin embargo, sí describen un escenario que refuerza una de las principales conclusiones de esta investigación: mientras el sistema no permita reconstruir de manera independiente el origen de cada lote exportado, persistirá un espacio donde la trazabilidad depende más de la confianza en los registros administrativos que de mecanismos plenamente verificables.
El procesamiento de los pepinos de mar
En las plantas procesadoras el pepino de mar es cocido, deshidratado, clasificado y empacado para exportación. Durante ese proceso desaparece una de las principales referencias biológicas del lote original: los individuos se transforman en producto comercial y el peso cambia radicalmente. Un pepino fresco de varios cientos de gramos termina convertido en apenas unos gramos de producto seco. Si además se mezclan lotes provenientes de distintas capturas, la reconstrucción posterior del origen se vuelve mucho más compleja.
Monitoreo de pepinos de mar en la Reserva Marina de Galápagos. Foto: Archivo 2025 Parque Nacional Galápagos.
La siguiente etapa corresponde al Ministerio del Ambiente y Energía (MAE), que emite el permiso CITES necesario para exportar la especie. Ese permiso certifica que el cargamento cumple con los requisitos establecidos por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. Después interviene el Servicio Nacional de Aduanas, que registra la salida del producto hacia los mercados internacionales, principalmente Hong Kong y China.
Sobre el papel, el procedimiento parece completo. Sin embargo, al revisar toda la cadena documental surge una interrogante fundamental. Los documentos permiten demostrar que un cargamento fue autorizado para exportación, pero no necesariamente permiten reconstruir públicamente el origen biológico de cada individuo que integra ese lote una vez que el producto ha sido procesado.
Ese vacío adquiere mayor importancia cuando se comparan las exportaciones oficiales con la historia reciente de la pesquería. Entre 2021 y junio de 2026 Ecuador exportó más de 40 toneladas de pepino de mar, equivalentes a aproximadamente 1,7 millones de individuos. Sin embargo, durante ese mismo período la pesquería estuvo sometida a restricciones y, en 2025, el PNG no autorizó ninguna recolección de la especie.

La existencia de exportaciones en esos años no constituye, por sí sola, evidencia de una irregularidad. Los cargamentos podrían provenir de inventarios acumulados, de capturas continentales legalmente autorizadas o de otras fuentes permitidas por la normativa. No obstante, precisamente por esa diversidad de posibles orígenes, resulta indispensable que el sistema de trazabilidad permita verificar de forma transparente la procedencia de cada lote.
Los decomisos realizados por la Policía Nacional muestran que el tráfico ilegal continúa existiendo. Las estadísticas del Banco Central demuestran que las exportaciones continúan. Entre ambos extremos existe una cadena documental que funciona, pero cuya capacidad para reconstruir el origen exacto del recurso todavía deja preguntas abiertas. La principal de ellas es también la más sencilla: ¿de dónde provienen exactamente los pepinos de mar que Ecuador exporta?

Cuando las cifras comienzan a no coincidir
Las estadísticas oficiales son consistentes entre sí hasta cierto punto. El Banco Central del Ecuador registra las exportaciones declaradas por las empresas. Los permisos CITES autorizan la salida internacional de la especie y las declaraciones aduaneras documentan los embarques. Sin embargo, cuando esos registros se contrastan con la historia reciente de la pesquería aparecen diferencias que merecen una explicación.
Entre 2021 y junio de 2026 las exportaciones declaradas suman más de 40 toneladas de pepino de mar, equivalentes a aproximadamente 1,72 millones de individuos utilizando la conversión de 23,5 gramos de producto seco por ejemplar. Durante ese mismo período el PNG autorizó la reapertura de la pesquería únicamente en temporadas específicas y con una cuota máxima de 600.000 individuos. En 2025 no se abrió la pesquería de pepinos de mar.

La existencia de exportaciones durante esos años no implica necesariamente una irregularidad. Parte del producto pudo corresponder a inventarios obtenidos en temporadas anteriores, producto procesado que permanecía almacenado o recursos provenientes del continente. Sin embargo, esa hipótesis solo puede verificarse mediante un sistema de trazabilidad que permita reconstruir el recorrido completo de cada lote. Esa información no es pública y, hasta el cierre de esta edición, las autoridades no habían explicado cómo concilian las exportaciones registradas con los volúmenes autorizados para captura. El Ministerio del Ambiente no proporcionó información y lo que está disponible en el portal de transparencia pesquera https://fitiecuador.com/transparencia-pesquera/ es parcial.
Las cifras del propio CITES también aportan un elemento adicional al análisis. Para 2024, Ecuador reportó exportaciones de 8.933,55 kilogramos correspondientes a 28.286 especímenes. Si se compara esa declaración con la conversión promedio de 23,5 gramos por individuo utilizada en este reportaje, el mismo volumen representaría alrededor de 380.000 pepinos de mar. La diferencia revela que los métodos para expresar el comercio internacional no son necesariamente equivalentes y refuerza la necesidad de que las autoridades expliquen cómo se contabilizan los especímenes y cómo se relacionan esos registros con el peso del producto exportado.
El mercado que mantiene viva la presión
Aunque el pepino de mar tiene nulo valor gastronómico en Ecuador, en varios países asiáticos constituye un producto de alto precio asociado a la cocina tradicional y al consumo de lujo. Hong Kong continúa siendo uno de los principales centros mundiales de comercialización y redistribución, desde donde el producto se dirige a otros mercados de Asia.
Los registros de comercio exterior muestran que Ecuador mantiene ese mismo patrón. La mayor parte de las exportaciones tiene como destino países asiáticos, mientras que una proporción menor se dirige a Estados Unidos y otros mercados. El análisis de los precios promedio revela además un comportamiento atípico. En 2021 el valor FOB superó los 190 dólares por kilogramo, muy por encima de los años posteriores. En 2024 el precio cayó de forma significativa y en 2026 comenzó una recuperación parcial, aunque todavía lejos de los máximos registrados al inicio de la serie.
La evolución de los precios ayuda a entender por qué la presión sobre la especie persiste incluso durante los períodos de veda. Mientras exista una demanda internacional capaz de absorber el producto y pagar precios elevados, el incentivo económico para la pesca ilegal seguirá presente. Los decomisos realizados por la Policía Nacional, la Armada del Ecuador en el 2026 demuestran que ese mercado continúa activo.

Las preguntas para el Estado
Durante el desarrollo de este reportaje, Bitácora Ambiental solicitó información al Ministerio del Ambiente y Energía, al PNG y a otras instituciones competentes para conocer el origen de los lotes exportados, los mecanismos de trazabilidad utilizados y la forma en que se concilian los registros de captura, procesamiento, permisos CITES y exportaciones. Al cierre de esta edición, varias de esas preguntas permanecían sin respuesta.
Entre ellas destacan algunas que resultan fundamentales para comprender el funcionamiento del sistema. ¿Cuántos de los pepinos exportados entre 2021 y 2026 procedían de Galápagos y cuántos del continente? ¿Qué volumen correspondía a inventarios almacenados de temporadas anteriores? ¿Cómo verifica la autoridad que un lote procesado mantiene la trazabilidad desde el sitio de captura? ¿Qué mecanismos existen para impedir que producto de origen ilegal ingrese a la cadena comercial formal? ¿Cómo se concilian las cifras de especímenes reportadas ante CITES con los kilogramos declarados en las exportaciones?
Responder esas preguntas no solo permitiría fortalecer la transparencia del comercio internacional de esta especie. También ayudaría a reducir la incertidumbre que hoy acompaña a una de las pesquerías más controvertidas del Pacífico oriental.

Un recurso que vale más vivo que exportado
Durante más de tres décadas el pepino de mar ha sido uno de los mayores desafíos para la gobernanza de la Reserva Marina de Galápagos. Ha provocado conflictos entre pescadores y autoridades, cierres prolongados de la pesquería, debates científicos, decomisos, procesos judiciales y modificaciones continuas de las reglas de manejo.
Paradójicamente, el mismo organismo que durante años fue visto únicamente como un recurso pesquero hoy es reconocido como un componente esencial del funcionamiento de los arrecifes rocosos. Al remover sedimentos y reciclar materia orgánica, Isostichopus fuscus contribuye a mantener las condiciones necesarias para el asentamiento de numerosas especies marinas. Su valor ecológico trasciende ampliamente el precio que alcanza en los mercados internacionales.
Los documentos analizados para esta investigación muestran que Ecuador cuenta con un sistema de control más robusto que el existente hace dos décadas. Sin embargo, también evidencian que todavía existen eslabones donde la trazabilidad pierde precisión y donde las preguntas superan a las respuestas. Mientras esas brechas persistan, cada embarque de pepino de mar exportado seguirá planteando la misma interrogante que dio origen a este reportaje: ¿de dónde provienen exactamente los individuos que Ecuador vende al mundo?
Monitoreo de pepinos de mar en la Reserva Martina de Galápagos.