Con la salida de Nicolás Maduro del poder, el régimen chavista mutó a un modelo de autoritarismo colectivo en Venezuela que opera y maniobra a objeto de lograr su supervivencia. A la cabeza del mismo, Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, maniobran parea que el arresto del dictador para ser procesado por la justicia de Estados Unidos, no se traduzca en el fin de la tiranía.
Venezuela Política y Sin Filtros conversaron con Bernardo Henao Jaramillo, bogado y presidente de la asociación Únete por Colombia, acerca de la situación venezolana donde una especie de tetrarquía, conformada por Rodríguez, Cabello y Padrino, ejerce este nuevo autoritarismo colectivo.
El régimen chavista experimenta, pues, una reconfiguración para sobrevivir mediante el control militar, la coacción interna y el uso de narrativas de reconciliación engañosas. Un ejemplo de esto último lo constituye la excarcelación de presos políticos, la cual en la práctica es una maniobra de impunidad y una estrategia para aliviar la presión de Estados Unidos.
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El escenario venezolano actual
El escenario venezolano al inicio de 2026 se define por una estabilidad precaria bajo tutela internacional. Mientras que la extracción de Maduro eliminó la cabeza visible del narcoterrorismo, el sistema estructural del chavismo permanece intacto y en proceso de mutación.
La comunidad internacional y los sectores críticos advierten que, sin un mecanismo de justicia real, el país se encamina a una normalización del autoritarismo financiada por la renta petrolera, donde los victimarios buscan transformarse en actores legítimos de la «nueva paz».
Autoritarismo colectivo en Venezuela post-Maduro
A la fecha, el país atraviesa una fase crítica de reconfiguración política tras la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores el 3 de enero de 2026, pero al contrario de las expectativas iniciales que suponían un colapso total del régimen chavista, el sistema mutó hacia un autoritarismo colectivo en Venezuela.
Una tetrarquía, conformada por los hermanos Rodríguez —Delcy y Jorge—, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, quienes constituyen el nuevo esquema opera bajo una transición controlada y supervisada por Washington, estructurada en tres fases que priorizan la estabilidad económica y la eliminación de amenazas a la seguridad hemisférica sobre un cambio político inmediato.
El régimen actual utiliza mecanismos como excarcelaciones selectivas y una polémica Ley de Amnistía —diseñada por los propios victimarios— para desarticular la protesta social e imponer un modelo de impunidad bajo el relato de la «paz y la reconciliación».
Reconfiguración del poder: de la autocracia a la tetrarquía
La salida de Nicolás Maduro —recluido en una prisión de Nueva York— no se tradujo en un cambio democrático instantáneo, sino una redistribución estratégica de roles dentro de la cúpula chavista, que actúa ahora como una corporación cívico-militar.
Bernardo Heanao Jaramillo describe el panorama vigente como el accionar de los victimarios del régimen venezolano por perpetuarse en el poder y advierte que, al parecer, EE. UU. propicia un choque entre ellos, una especie de canibalismo, que derive en su destrucción.
ActorRol estratégico Función específicaDelsy RodríguezPoder ejecutivo Interlocución con Washington y manejo de la gobernabilidad interina.Jorge RodríguezPoder institucional Control del parlamento y manejo del relato mediático internacional.Diosdado CabelloPoder coercitivo interno Control territorial, seguridad interna y engranaje de la policía.Vladimir Padrino LópezCohesión militar Mantenimiento de la obediencia dentro de la Fuerza Armada.
El régimen no ha colapsado porque se ha adaptado mediante una hibridación de elementos autoritarios. Los actores actuales, aunque ilegítimos, actúan con reconocimiento de facto por parte de gobiernos extranjeros debido a intereses geoestratégicos y energéticos.
Henao Jaramillo cataloga como sofisma —argumento falso con apariencia de verdad— el discurso de Delcy Rodríguez que pretende hacer pasar las imposiciones de Washington con respecto a la Ley de Hidrocarburos y la liberación de presos políticos, como un logro de su gestión transitorio que ella proclama como como democracia.
Estrategia de EE. UU.: transición controlada y las tres fases
La administración estadounidense, bajo la doctrina de seguridad nacional, implementó el denominado «Plan Rubio» en alusión al secretario de Estado, Marco Rubio, el cual procura eliminar amenazas —como el narcoterrorismo y el Tren de Aragua— sin forzar una ruptura abrupta que genere caos o violencia masiva.
El proceso, como ya se ha dicho, comprende tres fases:
Fase 1: estabilización y control de daños
Evitar el caos, la violencia y la ruptura institucional tras la extracción de Maduro. Se busca mantener la burbuja de gobernabilidad.
Fase 2: recomposición institucional y apertura económica
Apertura de la embajada de EE. UU. en Caracas —encabezada por la embajadora Laura Dog—, regreso de empresas petroleras e inversión masiva.
Fase 3: legitimación
Un proceso electoral proyectado a un plazo de entre 18 meses y 2 años, donde se buscará una salida negociada o la validación de nuevos liderazgos.
Justicia, excarcelaciones y la Ley de Amnistía
El régimen venezolano —el nuevo modelo de autoritarismo colectivo en Venezuela— inició un proceso de «excarcelaciones» —no liberaciones plenas— de presos políticos que, de acuerdo a cal al Foro Penal, difiere de las cifras informadas oficialmente.
La tetrarquía hace un uso estratégico de las excarcelaciones de manera de responder a las exigencias directas del gobierno estadounidense y así dar supuesto cumplimiento a los planteado desde Washington.
Al liberar figuras emblemáticas, el régimen quita peso al relato de las manifestaciones internas y externas, con lo que evita que se conviertan en motores de activación política.
Se promueve una Ley de Amnistía que Bernardo Henao Jaramillo advierte, es similar al modelo de las FARC promovido en La Habana, el cual permitiría que los victimarios —incluyendo a figuras como Tarek William Saab— se incluyan en el proceso de «reconciliación» sin enfrentar justicia real.
Si se quiere la paz es fundamental que se imponga la justicia y por lo que pinta el proyecto de Ley de Amnistía, pudiera es producirse una impunidad creciente y preocupante, subraya Henao Jaramillo.
Normalización del autoritarismo
Se apunta que existe el riesgo de que la llegada masiva de recursos petroleros y la estabilización de servicios básicos —agua, electricidad, comida— generen una sensación de bienestar que eclipse la ausencia de libertades democráticas.
Interés energético: las empresas petroleras internacionales tienen un interés crítico en reactivar la inversión. Se estima que Venezuela recibirá más dinero en los próximos meses que en los últimos 20 años.
Modelos autoritarios adaptativos: el sistema busca transformarse para sobrevivir. Las nuevas élites chavistas compiten por contratos y espacios de poder, adaptándose a la presión de la bota estadounidense para asegurar su permanencia en la futura estructura del Estado.
Debilidades internas y la «canibalización»
Como ya se señaló, a pesar de la fachada de unión, el régimen venezolano enfrenta una erosión significativa en sus bases y fracturas internas. La descomposición del PSUV se advierte, por ejemplo, en unos estudios realizados en varios estados del país, donde una parte importante de la base del chavismo manifestó que no desea pertenecer al partido ni apoya a Delsy Rodríguez tras la caída de Maduro.
lcitado proceso de «canibalismo» —referido por Bernardo Henao Jaramillo— entre Cabello, Padrino y los hermanos Rodríguez, genera una tensión interna constante marcada por el miedo a la traición, pues la cúpula sabe que, si se dividen, caen todos, como lo reconoció el propio Diosdado Cabello recientemente.
En este sentido, personajes como Tareck El Aissami, Álex Saab y Samark López, representan activos o pasivos en la negociación.
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