Raúl Gorrín en la mira de EE. UU.: cargos por corrupción, red millonaria y condición de prófugo internacional

Raúl Gorrín Belisario, empresario venezolano y propietario del canal Globovisión, enfrenta desde 2017 una serie de cargos federales en Estados Unidos vinculados a corrupción, lavado de dinero y sobornos relacionados con operaciones del Estado venezolano. Para fiscales estadounidenses, su nombre aparece como una pieza clave en la arquitectura financiera que permitió movilizar capitales derivados del sistema de control cambiario y de contratos asociados a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).

Las acusaciones fueron presentadas principalmente en el Distrito Sur de Florida y describen un esquema de pagos ilícitos a funcionarios venezolanos para obtener beneficios financieros, acceso privilegiado a operaciones en divisas y contratos estatales. Según los expedientes judiciales, el empresario habría participado en una red internacional de transferencias y estructuras corporativas diseñadas para ocultar el origen de fondos provenientes de operaciones irregulares.

Los cargos federales en Estados Unidos

Las autoridades estadounidenses imputan a Gorrín por:

Conspiración para violar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA).

Conspiración para cometer lavado de dinero.

Nueve cargos adicionales por blanqueo de instrumentos monetarios.

Pago de sobornos a altos funcionarios del sistema financiero estatal venezolano.

Los fiscales sostienen que el empresario canalizó millones de dólares a través de empresas offshore, cuentas bancarias internacionales y operaciones financieras trianguladas para legitimar fondos provenientes de esquemas asociados al Estado venezolano.

Investigaciones posteriores ampliaron el alcance del caso, señalando que parte de los fondos presuntamente blanqueados superaría los mil millones de dólares vinculados a operaciones con PDVSA, mediante préstamos ficticios, contratos inflados y transferencias en múltiples jurisdicciones.

Sanciones y confiscación de activos

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), impuso sanciones contra Gorrín y su red empresarial, bloqueando activos y restringiendo transacciones bajo jurisdicción estadounidense.

Además, tribunales federales autorizaron la incautación de propiedades vinculadas a su estructura financiera, incluyendo bienes inmobiliarios en Miami y Nueva York, adquiridos presuntamente con fondos provenientes de operaciones ilícitas.

Prófugo y fuera del alcance judicial

Desde la formalización de los cargos, agencias federales estadounidenses consideran a Gorrín prófugo. Su nombre ha sido incluido en registros de búsqueda internacional y en expedientes activos de cooperación judicial, mientras permanece fuera de la jurisdicción federal.

La imposibilidad de llevarlo ante tribunales ha limitado el avance procesal del caso, aunque las investigaciones continúan abiertas y vinculadas a otros expedientes de corrupción financiera relacionados con Venezuela.

Poder mediático y conexiones políticas

El ascenso de Gorrín dentro del entorno chavista coincidió con la compra de Globovisión en 2013, operación que consolidó su influencia en el panorama mediático venezolano. A partir de entonces, su nombre quedó asociado tanto al control comunicacional como a redes financieras cercanas al poder político.

Su caso se entrelaza con investigaciones más amplias sobre funcionarios, intermediarios y operadores que participaron en transacciones internacionales vinculadas a PDVSA y al sistema cambiario venezolano, configurando lo que fiscales han descrito como un entramado transnacional de corrupción y lavado de activos.

Implicaciones del caso

El expediente contra Raúl Gorrín es considerado uno de los más representativos de los procesos judiciales en Estados Unidos relacionados con corrupción venezolana. La investigación revela la intersección entre poder económico, estructuras estatales y redes financieras internacionales utilizadas para movilizar capital público hacia circuitos privados.

Su evolución dependerá de factores jurídicos y políticos, incluyendo eventuales mecanismos de cooperación judicial o solicitudes de extradición. De concretarse su comparecencia ante tribunales estadounidenses, el caso podría aportar nuevos detalles sobre el funcionamiento interno de los esquemas financieros asociados al chavismo y el flujo internacional de recursos derivados de PDVSA.

Por ahora, Gorrín permanece como uno de los nombres más relevantes en las causas federales abiertas en Estados Unidos contra operadores económicos vinculados al poder político venezolano, con un proceso que continúa en desarrollo y con implicaciones potenciales a nivel regional e internacional.

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