Una Orden del Día N.º 886, emitida el 20 de enero de 2026 por la Dirección Nacional del Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana (CPNB), revela una reconfiguración profunda del aparato policial venezolano, caracterizada por la penetración directa del SEBIN en áreas clave de mando y supervisión, en un momento en el que Diosdado Cabello enfrenta un creciente escrutinio por parte de Estados Unidos.
La orden consolida un modelo de seguridad diseñado para proteger al poder político, no para garantizar el orden público. La coincidencia temporal entre estos nombramientos y el aumento de la presión internacional sobre figuras centrales del chavismo no es accidental: el régimen ajusta sus engranajes internos ante un entorno cada vez más hostil.
La Orden del Día N.º 886 detalla con precisión los nombres y cargos de los funcionarios designados en esta reconfiguración del mando policial. Frank Joaquín Morgado González, comisario mayor adscrito al CPNB, fue nombrado Director Adjunto (E) del Despacho de la Segunda Comandancia. Posteriormente, la Inspectoría para el Control de la Actuación Policial, órgano clave para la supervisión interna, quedó bajo la dirección de Carlos Alberto Calderón Chirinos, comisario mayor y funcionario activo del SEBIN, quien reemplaza al propio Morgado González. A su vez, la Dirección de Custodia Diplomática pasó a manos de Livia Antonieta Acosta Noguera, Comisaría general también adscrita al SEBIN, designada como Directora Adjunta (E) en sustitución del comisario jefe Carlos Enrique Origuen Bello, del CPNB. En conjunto, estos nombramientos confirman el desplazamiento de mandos policiales tradicionales y la irrupción directa de la inteligencia política en áreas sensibles de la seguridad del Estado.
El caso más sensible es el de la Inspectoría para el Control de la Actuación Policial, instancia encargada de supervisar la conducta de los cuerpos policiales. Su dirección queda ahora en manos de un alto funcionario del SEBIN, anulando cualquier posibilidad de control independiente. En la práctica, la policía pasa a “vigilarse” a sí misma bajo supervisión de inteligencia política, cerrando el círculo de impunidad.
A ello se suma la designación de una comisaria general del SEBIN en la Dirección de Custodia Diplomática, un espacio estratégico que involucra la protección de misiones extranjeras y delegaciones internacionales. La lectura es inequívoca: el régimen coloca la inteligencia política en posiciones donde confluyen seguridad, relaciones exteriores y control del relato internacional.
El factor Cabello
Estos movimientos se producen mientras Diosdado Cabello, vicepresidente del chavismo y uno de los hombres más poderosos del régimen, permanece bajo la lupa de agencias estadounidenses que investigan redes de corrupción, narcotráfico y estructuras de represión transnacional. Cabello ha sido señalado durante años como operador central del sistema de coerción, con influencia directa sobre fuerzas armadas, inteligencia y grupos de control territorial.
La Orden 886 debe leerse en ese contexto de amenaza existencial del régimen, lo que indica que es un blindaje preventivo del aparato interno, diseñado para garantizar lealtad absoluta y neutralizar cualquier fisura institucional ante escenarios de presión judicial o política internacional.