Maduro sube el tono del conflicto y advierte a EE.UU, El Cártel de los Soles tiene 5.000 misiles antiaéreos Igla-S para defenderse

Entre la teatralidad del poder y la sombra de la guerra híbrida. El Sistema Misilístico de Defensa Antiaérea Portátil Iglas-s 9K338 es el arma secreta de la revolución.

En Caracas, Nicolás Maduro ha vuelto a recurrir a su arma más efectiva: la narrativa del asedio. Frente a un escenario de aislamiento diplomático, fractura interna y una economía al borde del colapso, el dictador venezolano decidió elevar el tono del conflicto geopolítico con una advertencia que resonó en las cancillerías de Occidente: “Venezuela tiene cinco mil misiles antiaéreos rusos Igla-S en los puestos clave de la defensa de la patria”.

El mensaje, pronunciado entre vítores en el Liceo Militar General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora, fue presentado como una muestra de “soberanía y poder popular armado”. Pero en la superficie del discurso hay una estrategia más elaborada: proyectar fuerza en medio de una creciente debilidad política interna y, al mismo tiempo, redirigir la atención internacional hacia un nuevo eje de tensión —uno que, convenientemente, incluye a su aliado colombiano, Gustavo Petro.

El teatro del poder

Desde hace meses, Caracas y Bogotá parecen ejecutar un libreto compartido. Petro se defiende de acusaciones de corrupción y vínculos con el narcotráfico, mientras Maduro busca legitimarse y mantenerse en el poder. En ambos casos, la respuesta ha sido la misma: convertir la crisis en una cruzada patriótica.

Maduro, consciente del efecto mediático de cada gesto, resucitó la vieja narrativa de “la invasión estadounidense”, un recurso que el chavismo ha usado por dos décadas para cohesionar a su base y justificar el control militar del país.
Pero esta vez lo hizo con un ingrediente explosivo: la revelación del arsenal de misiles Igla-S 9K338, sistemas rusos portátiles capaces de derribar aeronaves a baja altitud y que, según él, están distribuidos “hasta en la última montaña” del territorio nacional.

El Sistema Misilístico de Defensa Antiaérea Portátil Iglas-s 9K338 es el arma secreta de la revolución incluye misiles Altura máxima de los blancos a destruir. Al encuentro de los aviones 2000 m, helicópteros 3000 m. El persecusión: aviones 2500 m, helicópteros 3500 m. Mínima 10 m.

La afirmación no fue improvisada. En documentos internos de la REDI N° 8 y la ZODI Nº 81, fuentes militares confirmaron que unidades de Fuerzas Especiales, bajo el mando del mayor Antonio José Velásquez Carrasquel, han recibido instrucción táctica sobre el manejo del sistema misilistico portátil. En el lenguaje marcial de los informes, esta es parte de la “Segunda Línea Estratégica ordenada por el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y Comandante en Jefe de la FANB: profundizar y perfeccionar la formación doctrinaria, ideológica, moral y técnica militar”.

El mensaje detrás de los misiles

El uso de los Igla-S trasciende lo militar y se entiende como un mensaje político cuidadosamente diseñado.
Cada vez que el régimen anuncia un ejercicio de defensa o exhibe un arsenal ruso, activa un mecanismo de propaganda que busca tres objetivos:

Reafirmar control interno. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sigue siendo el pilar del poder chavista. Recordarles que “el enemigo acecha” es una forma de mantener la cohesión en los cuarteles y justificar la presencia de oficiales leales en todas las áreas del Estado.

Desviar la conversación internacional. El foco mediático que en las últimas semanas apuntaba hacia las denuncias contra Gustavo Petro y la presión diplomática sobre Caracas por la represión post-electoral se diluye entre titulares sobre misiles y flotas estadounidenses en el Caribe.

Mostrar autonomía estratégica. Maduro intenta proyectar una imagen de fortaleza ante sus aliados —Rusia, Irán y Cuba—, asegurando que Venezuela sigue siendo un enclave militar antioccidental en el hemisferio.

Padrino López y la doctrina del cerco

El ministro de Defensa del régimen, Vladimir Padrino López, completó el libreto al declarar que los recientes “Ejercicios Defensa de Costa Independencia 200” buscan “consolidar el poder militar de la nación” y hacer del territorio una fortaleza inexpugnable.
Las maniobras —realizadas simultáneamente en Zulia, Falcón, Carabobo, Aragua, Miranda, La Guaira, Anzoátegui, Nueva Esparta y Sucre— son parte de una estrategia de “territorialización de la defensa”, un concepto copiado de la doctrina soviética de guerra popular prolongada.

“Las tareas de defensa no son exclusivas de la FANB; son de todo un pueblo”, dijo Padrino. La frase, en apariencia patriótica, revela el núcleo de la doctrina chavista: militarizar la sociedad para que la frontera entre Estado, partido y pueblo desaparezca.

Una guerra que no necesita balas

Lo que Maduro y su círculo intentan construir es una narrativa de guerra cognitiva, donde la percepción es el verdadero campo de batalla.
El despliegue de misiles, los ejercicios militares y los discursos inflamados no buscan preparar una confrontación real con Estados Unidos, sino moldear la percepción de poder. En la era de la desinformación, las armas más efectivas no siempre disparan proyectiles, sino titulares.

Mientras tanto, la crisis humanitaria persiste. Millones de venezolanos viven entre apagones, escasez y represión. Pero el régimen prefiere hablar de “misiles para garantizar la paz”.

Epílogo: El rancho ardiendo

“Venezuela tiene 5.000 Igla-S y el rancho ardiendo”, dijo Maduro con una sonrisa calculada. La frase, aparentemente coloquial, fue su guiño a los leales: un mensaje de desafío y advertencia.

Sin embargo, en los pasillos del poder —y en los foros de inteligencia occidental— la interpretación es otra: el régimen, presionado por sanciones y por la descomposición de sus propias fuerzas internas, recurrirá cada vez más a la militarización simbólica para sostenerse.

El pueblo, que según Maduro “también está con el cambio”, observa desde abajo cómo la élite chavista levanta trincheras imaginarias mientras el país sigue desangrándose.

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