El legado de Ken Lay sobrevive en medio de las pobres justificaciones de R. Allen Stanford


El Houston Chronicle de ayer trajo un magnífico análisis de los paralelos de la defensa que pretende invocar «Sir» Allen Stanford con las que en su momento hizo el Chairman de Enron, Kenneth Lay, que por su profundidad creímos importante compartir con los lectores de VenePirámides:
Tal como lo hizo Ken Lay luego de la estrepitosa caída de Enron, Stanford ha ejecutado un tour por los medios de comunicación proclamando su inocencia en el presunto esquema Ponzi que el gobierno lo acusa de capitanear. Al igual que Lay, Stanford dice que no sabía lo que ocurría dentro de la empresa de la que era dueño y controlaba. Pretende haber sido un Presidente cuya silla miraba a una esquina de la cual no podía ver nada.

Bautizado “Sir Allen” en Antigua, no es un caballero del reino sino de la isla, Stanford ahora pretende desempeñar el papel de un pueblerino, una persona sencilla del centro de Texas. A esto lo llaman la defensa del Idiota 2.0.

Al igual que Ken Lay, Stanford ahora dice que su director financiero, siempre un chivo expiatorio conveniente para los ilícitos financieros, maneja la mayoría de las decisiones de inversión que los investigadores dicen que están al centro de un fraude masivo. ”Un grupo dirigido por nuestro Gerente de Finanzas y otros que le reportaban, así como Gestores de Fondos externos con los que teníamos relaciones desde hace tiempo, hacían inversiones sobre la base de criterios establecidos”, dijo Stanford en una entrevista con el Houston Chronicle esta semana. En otras palabras, culpar a cualquiera, excepto al hombre cuyo nombre está en la placa de la puerta del Imperio Global que era Stanford Group.

Stanford dijo que no evadiría ninguna pregunta, y a continuación hizo exactamente eso, afirmando que no podía entrar en los detalles específicos de las inversiones del Banco porque él no tuvo nada que ver con ellas. De alguna manera, ese desapego nunca llegó a los folletos de mercadeo del banco. Frente a los clientes, Stanford cultivó la imagen de un exitoso y activo participante en las estrategias de su empresa. En la última edición de la publicación del grupo, Stanford Eagle, invocó el nombre de su abuelo al afirmar que la filosofía de inversión de la empresa estaba “bien fundamentada” y que su experiencia manejando los peores ciclos económicos había sido establecida en la Gran Depresión. Por su puesto, eso era incierto. Stanford International Bank fue fundado en los años 80, y si aprendió algo de las estrategias de su abuelo, esas estrategias probaron no ser expertas o bien fundamentadas.

El Síndico que está desenmarañando las ruinas del imperio de Stanford le informó al Houston Chronicle el Jueves que no ha encontrado ninguna evidencia de que “Sir” Allen Stanford tuviera dinero propio invertido en el banco o en su operación de corretaje de valores. Pero esos eran sólo detalles que con seguridad no preocupaban a un gran pensador como “Sir” Allen. “No soy un banquero por naturaleza”, dijo. “Soy más un promotor, constructor y visionario, un emprendedor que quiere ver algo crecer”. Sólo que no lo suficiente para alimentarlo él mismo. “Soy un gran emprendedor, soy un gran líder empresarial y un gran motivador”, dijo. “Allí termina mi conocimiento”. En realidad su conocimiento terminaba antes que eso, en algún lugar previo de la parte de buen líder. Los buenos líderes asumen su responsabilidad, y la responsabilidad es la primera víctima de la defensa del Idiota. Ken Lay, en el banquillo de los acusados hace tres años, se encontró en una situación similar, clamando y rechazando responsabilidad de manera simultánea.
Es difícil leer las excusas de Stanford y no hacer comparaciones con Ken Lay. Lay ocupaba su tiempo haciéndole la corte a los políticos, mientras Stanford prefería las celebridades más esotéricas del Cricket. Ambos se regodearon en el éxito de sus compañías, para luego repudiarlas a la hora de la ruina.

La explicaciones de Stanford, en un intento de evadir las acusaciones penales que el abogado que espera contratar dice ser inminentes, provocan bostezos por la frecuencia con la que son usadas. Después de los escándalos corporativos de la era de Enron, las hemos escuchado muchas veces, de Lay, Skilling, Ebbers, Scrushy, Kozlowski, de la galería corporativa de pillos y truhanes que los Estados Unidos ha puesto tras las rejas.

Ken Lay murió antes de ser sentenciado, pero sigue siendo una de las figuras más prominentes en el panteón del escándalo corporativo. Su legado vive, entramado en las pobres justificaciones de los financistas caídos.