El relevo de Vladimir Padrino López por Gustavo González López en el Ministerio de la Defensa instrumentado por la autoridad interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, constituye como una jugada estratégica de carácter funcional, dirigida a evitar un caos en el sector castrense.
Así lo considera es el experto en seguridad estratégica, Eduardo E. Hurtado, quien explico que la designación del general González López —si bien no representa precisamente lo mejor que ha pasado por las Fuerzas Armadas venezolanas— no debe analizarse desde la emocionalidad, ni verse como un evento aislado, sino como parte de un proceso de transición dentro del sistema que actualmente se desarrolla en Venezuela.
Hurtado dejó establecido que cualquier paso en falso en el sector militar en estos momentos, podría generar fracturas internas peligrosas.
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Movimiento de lógica estratégica
De modo que el relevo de Vladimir Padrino López por Gustavo González López se erige en el actual proceso de transición que rige en Venezuela como un movimiento de lógica estratégica que apunta a una reconfiguración de poder cuidadosamente calculada dentro de la cúpula militar.
Vladimir Padrino López permaneció más de una década en el cargo, por lo que la decisión de referida a su sustitución debía realizarse con precisión.
Además, Eduardo E. Hurtado advierte que este relevo estratégico —similar a un pitcher que entra a cerrar un inning específico, ilustra— tiene una misión funcional y no permanente.
En ese sentido, una de sus tareas claves —a juicio del experto en seguridad—, sería el facilitar el pase a retiro de generaciones completas de oficiales —entre ellas, promociones asociadas a figuras como José Cabello Rondón— que inevitablemente impactarían el poder real de Diosdado Cabello, cuya principal fortaleza es su influencia sobre la FANB y estructuras de criminales paralelas.
Obediencia como condición de supervivencia
Para Hurtado, el relevo de Vladimir Padrino López por Gustavo González López es más que una jugada interna de Delcy Rodríguez y el chavismo dirigida a reorganizar el régimen, pues, en realidad, todos los actores dentro del sistema operan bajo líneas de acción definidas, donde la obediencia no es opcional sino una condición de supervivencia.
Alerta que es igualmente errado analizar estos eventos desde la perspectiva de solucionar una necesidad inmediata en lugar de hacerlo desde una perspectiva estratégica.
Explica que los procesos de transición de poder, especialmente en entornos altamente controlados, requieren ejecución gradual, precisa y sin improvisación para evitar escenarios de conflicto mayor.
“Bajo esta lógica, lo que estamos viendo no es improvisación, sino una fase de reestructuración planificada, donde la salida progresiva de promociones completas permitirá la consolidación de un nuevo bloque de oficiales más alineados con los objetivos futuros del sistema”.
Cabeza fría
Por tanto, Eduardo E. Hurtado, formula un llamado a ver los hechos con cabeza fría, al tiempo que se remite a otro cambio reciente en la estructura de poder en Venezuela: la dirección de CITGO en manos de Asdrúbal Chávez, la cual también califica de jugada estratégica relevante.
“Muchos ya reaccionan desde la frustración y comenzaremos a ver narrativas de desmoralización, pero es fundamental analizar esto con cabeza fría. Hay un hecho clave que no puede ignorarse, Asdrúbal Chávez está sancionado por el gobierno de Estados Unidos, fue presidente de PDVSA y ha sido una figura central dentro del sistema energético venezolano”.
Refiere, entonces, que desde una lógica racional no tendría sentido que alguien con el perfil de Chávez se exponga a ingresar o vincularse directamente a un entorno bajo jurisdicción estadounidense sin algún tipo de garantía o negociación implícita.
Subraya que los sistemas de inteligencia, particularmente el estadounidense, han demostrado históricamente que, en lugar de destruir estructuras complejas desde afuera, es necesario penetrarlas utilizando a actores clave como fuentes de cooperación.
“No sería la primera vez que figuras vinculadas a sistemas cuestionados terminan colaborando para desmontar redes de financiamiento ilícito, lavado de dinero o esquemas de corrupción estructural. Ejemplos en distintos contextos han demostrado que reclutar a quienes conocen el sistema desde su núcleo puede ser más efectivo que cualquier presión externa”, alerta Hurtado.
Estrategia de largo alcance
Bajo esa lógica, agrega que un movimiento como este solo tendría sentido si responde a un objetivo mayor de desarticular el sistema desde dentro y que vaya más allá de simplemente sustituir nombres.
“Interpretar esta decisión únicamente desde la emoción como una traición o un error, es perder de vista cómo realmente operan los procesos de desmantelamiento de estructuras de alto nivel criminal. La historia ha demostrado que muchos de estos procesos requieren acuerdos, cooperación y medidas que no siempre son comprendidas en el corto plazo”.
Finalmente, Eduardo E. Hurtado, describió estos movimientos dentro de la estructura de poder en Venezuela como una estrategia de largo alcance orientada a desmantelar de raíz un sistema complejo, lo cual inevitablemente implica decisiones incómodas y difíciles de entender para quienes no observan el panorama completo.
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