El apellido Capriles no solo remite a política. También sirve para abrir puertas en las entrañas de poder en Venezuela, y Eduardo Capriles lo ha demostrado. Primo del exgobernador Henrique Capriles Radonski y hermanastro de Armando “Coco” Capriles, Eduardo no ha ocupado cargos públicos ni hecho campaña, pero su nombre figura en fiestas escandalosas, contratos millonarios y hasta en la mira del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Aunque prefiere el perfil bajo, los hechos y documentos lo han ido sacando a la luz. Desde fiestas con drogas y armas en plena pandemia, hasta su relación con un jet privado vinculado a figuras del régimen chavista como Nicolás Maduro y Alex Saab, el prontuario de Capriles ya no se puede ignorar.
Rumbas VIP en plena cuarentena
En marzo de 2020, mientras Venezuela vivía sus primeros días de cuarentena, Eduardo Capriles participó en fiestas privadas en Los Roques y en una residencia en Altamira que terminaron en redadas policiales. Drogas sintéticas, modelos extranjeras sin documentación, armas de fuego y hasta dos casos positivos por COVID-19. Uno de los nombres que apareció en la investigación fue Jorge Eduardo Echenagucia, dueño del lugar y socio habitual de Capriles.
Ambos compartían más que copas: compraron juntos un avión negro y un yate usados en esas fiestas. Cuando el escándalo estalló, Capriles vendió su parte para desmarcarse. Pero su nombre ya estaba en las actas policiales.

Eduardo Capriles y Jorge Eduardo Echenagucia
Del negocio alimentario al saqueo institucional
Eduardo Capriles también ha estado ligado a operaciones con PDVSA, Bariven, el sistema SUCRE y Cadivi, estructuras clave para la corrupción institucionalizada de los últimos años. Junto a su socio Alfredo Lovera Reyes, utilizó canales opacos para importar productos sobrevalorados y desviar fondos, según fuentes que lo vinculan directamente con operaciones en la CVG y otras empresas públicas.
Incluso, formó parte del equipo de la Unidad de Protección y Control de Pérdidas (PCP) de PDVSA, algo que muchos aún no comprenden, dada su fama de operador con métodos cuestionables.
El avión que lo puso en el radar de EE. UU.
El 2025 marcó un antes y un después. En julio, fue incautado en República Dominicana un Falcon 200 EX con matrículas alteradas (T7-ESPRT), vinculado al transporte de altos funcionarios chavistas. La aeronave habría sido utilizada por Nicolás Maduro, Alex Saab y los hermanos Rodríguez. ¿La conexión con Capriles? Documentos lo señalan como uno de los involucrados en la adquisición de ese jet a través de Six G Aviation.
Desde entonces, el Departamento de Justicia de EE. UU. lo investiga por lavado de dinero y uso de bienes para fines ilícitos. Aunque oficialmente no hay cargos, las alarmas están encendidas.
Eduardo Capriles en la mira del Departamento de Justicia de los Estados Unidos tras incautación en República Dominicana del avión Falcon 200 EX matrículas alteradas T7-ESPRT, el cual era utilizado por Nicolás Maduro, Alex Saab y Los Hermanos Rodríguez ✈️
Six G Aviation pic.twitter.com/hCS6BQKALP
— ABC Noticias (@abcesnoticias) July 7, 2025
Panamá, documentos falsos y huida a España
Años atrás, Capriles intentó invertir capital en Panamá a través de un bufete especializado en fondos y bienes raíces. Todo parecía en orden hasta que el equipo legal detectó que los documentos entregados estaban falsificados. Lejos de enfrentar el problema, Capriles optó por escapar. Ahora se encontraría refugiado en una pequeña localidad del norte de España, manteniendo un perfil bajo mientras la tormenta pasa.
Vida privada, rumores y poder detrás de bambalinas
En el plano personal, tampoco pasan desapercibidas sus decisiones. Su relación con la presentadora Patricia Zavala terminó abruptamente por mensaje de texto, y desde entonces, se ha especulado que mantiene una relación secreta con la modelo Oriana Luchesse, a pesar de que ella es públicamente pareja de Jorge Giménez Ochoa, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol.
Según testimonios de contratistas y exempleados, Capriles tiene una política clara en los negocios: “si no hay comisión, no hay trato”. Las negociaciones con él suelen ser lentas, manipuladas, y con exigencias bajo la mesa. Varios proveedores coinciden: negociar con Eduardo es “una trampa envuelta en lujo”.
¿Caerá el “chico dorado”?
Apodado el Golden Boy por su vida de excesos, fiestas y conexiones con la élite, Eduardo Capriles representa esa figura del boliburgués disfrazado de empresario. Conectado, protegido, y hasta ahora intocable. Pero el escándalo del Falcon, sumado a las investigaciones en curso, podría marcar el principio del fin.
Capriles no necesita ser funcionario para tener poder. Su influencia está en las sombras, en los favores, en los contratos escondidos. Pero la impunidad no siempre dura para siempre. Y esta vez, el “chico dorado” podría estar más cerca que nunca de perder su brillo.