Desde una prisión federal en Nueva York, Hugo “El Pollo” Carvajal pasó de custodiar los secretos más oscuros del chavismo a desafiar al propio sistema judicial estadounidense. Acusado de narcoterrorismo y frente a una cadena perpetua, el exjefe de inteligencia venezolano rompió el cerco del Departamento de Justicia y llegó a Donald Trump con una propuesta calculada: cooperación estratégica a cambio de supervivencia.
Hugo Armando Carvajal Barrios, alias “El Pollo”, pasó de custodiar los secretos más sensibles del Estado venezolano a disputar su futuro en una celda federal de Brooklyn. Exjefe de inteligencia militar y operador clave del engranaje chavista, hoy es un narcoterrorista confeso que enfrenta la amenaza real de cadena perpetua. Acorralado por una acusación demoledora, Carvajal ejecutó una maniobra calculada para romper el aislamiento: burlar los filtros del Departamento de Justicia y llegar directamente a Donald Trump con una oferta que Washington no podía ignorar.
Del vértice del poder a la caída controlada
Durante años, Carvajal fue una pieza central de la Dirección General de Contrainteligencia Militar. Desde allí —según fiscales— coordinó protección, logística y alianzas criminales que convirtieron a Venezuela en plataforma del Cartel de los Soles, en cooperación con actores armados extranjeros. Su quiebre público con el régimen en 2017 y su posterior huida a Europa no lo salvaron: tras una larga batalla judicial, fue extraditado a Estados Unidos en 2023 y puesto bajo la lupa del Distrito Sur de Nueva York.
En junio de 2025, el giro fue total. Ante el juez Alvin K. Hellerstein, Carvajal se declaró culpable de conspiración narcoterrorista, importación de cocaína y delitos con armas de guerra. La confesión evitó el juicio, pero no el riesgo máximo: mínimo 20 años, máximo cadena perpetua. La única salida era volverse indispensable.

El muro del DOJ y la jugada lateral
El Departamento de Justicia no regala indulgencias. La cooperación se mide en resultados verificables, no en promesas. Para un exespía del chavismo, además, el escepticismo es doble. Carvajal entendió rápido que, aun colaborando, podía quedar atrapado entre informes clasificados, tiempos procesales y una fiscalía que decide cuándo —y si— activar beneficios.
Entonces eligió el atajo político: salir del carril técnico y entrar al tablero estratégico. Si el caso era de seguridad nacional, el mensaje debía llegar al nivel político que decide prioridades.
La carta a Trump: presión, narrativa y oferta
El 2 de diciembre de 2025, desde prisión, Carvajal envió una carta de diez páginas a Donald Trump y a la opinión pública estadounidense. El texto no fue una súplica: fue una acusación estructurada. Describe al régimen venezolano como una organización narcoterrorista, detalla vínculos con redes criminales transnacionales, advierte sobre exportación de violencia y espionaje, y se alinea explícitamente con la narrativa de “defensa nacional”.
La oferta implícita fue clara: información accionable a cambio de protección. Con la carta, Carvajal buscó dos efectos simultáneos: elevar el costo político de ignorarlo y redefinir su valor más allá del expediente judicial, como pieza útil para decisiones de Estado.

Convertirse en “activo”
En términos legales, la recompensa a la cooperación pasa por mecanismos como la Regla 35 y, en casos extremos, el Programa de Protección de Testigos (WITSEC). Pero nada de eso ocurre si la información no produce impacto. De allí el énfasis de Carvajal en nombres, rutas, métodos y protección institucional. No se trata de contar historias, sino de desbloquear investigaciones.
Fuentes cercanas al proceso señalan que su testimonio ya habría fortalecido líneas contra actores del alto poder venezolano. La sentencia —prevista inicialmente para octubre de 2025— sigue sin anuncio público, una señal de que la fiscalía aún calibra el rendimiento de lo entregado.
Riesgos calculados
La jugada no es gratuita. Al exponerse públicamente, Carvajal aumenta el riesgo de represalias y reduce el margen de error: si la información no se verifica, su credibilidad se evapora. Si se verifica, su vida cambia para siempre. WITSEC implica borrarse: nueva identidad, aislamiento, ruptura con familia y pasado. Para un exjefe de inteligencia, es el precio de seguir con vida.

La cobertura que anticipó el movimiento
En Sin Filtros Geopolítica y VenezuelaPolitica.info, documentamos la captura en Europa, la extradición y el valor potencial del “Pollo” como testigo clave. Nuestro análisis ha sido consistente: si Carvajal canta con precisión quirúrgica, el daño político trasciende el caso individual y golpea la arquitectura del poder en Caracas.
Lo que está en juego
El desenlace depende de una sola variable: utilidad real. Si la cooperación se traduce en imputaciones, decomisos o decisiones estratégicas, la pena puede caer de forma sustancial. Si no, el sistema cerrará filas. En ambos escenarios, la narrativa ya cambió: de “Estado infiltrado” a Estado operador.
Carvajal lo sabe. Por eso rompió el cerco, saltó el protocolo y apostó a Trump. En Nueva York, su última baraja se llama credibilidad.