Este lunes 12 de enero, fue sentenciado en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, uno de los principales operadores del Cártel de los Soles, Carlos Orense Azócar, convicto por un jurado de graves delitos de narcotráfico. El juez Vernon Broderick dijo que la justicia de Estados Unidos manda un mensaje a los capos que traen cocaína al territorio estadounidense, y que además usa fondos de la drogas para pagar sobornos a militares y funcionarios de Venezuela, entre quienes mencionó a Hugo Carvajal Barrios, Cliver Alcalá Cordones, Néstor Reverol, Tareck El Aissami y Luis Buitriago.
En el intrincado mundo del narcotráfico transnacional, pocos casos ilustran tan claramente la intersección entre el poder estatal y el crimen organizado como el de Carlos Eduardo Orense Azócar, conocido como «El Gordo». Este venezolano de 70 años, originario de Anaco en el estado Anzoátegui, ha sido un engranaje clave en el denominado Cartel de los Soles, una red criminal que involucra a altos funcionarios militares y políticos de Venezuela. Su trayectoria culminó en una impactante condena por narcotráfico y posesión de armas en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, donde fue convicto por un jurado. La defensa pidió una condena menos severa debido a su avanzada edad y problemas de salud, alegando que una cadena perpetua era el punto final del caso.
Los fiscales partieron de una investigación que reveló cómo Orense Azócar operó durante más de 18 años como facilitador logístico para el envío de miles de kilogramos de cocaína hacia Estados Unidos, con el respaldo de instituciones venezolanas como la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y Petróleos de Venezuela (PDVSA). El juez Vernon S. Broderick —tras múltiples aplazamientos, el último en diciembre de 2025—, el veredicto de culpabilidad de diciembre de 2023 selló su destino: pasar lo que le resta de vida tras las rejas. Por unos meses continuará en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, donde ha pasado más de tres años y medio. Allí mismo se encuentra su socio Hugo Carvajal Barrios y ahora, recientemente, Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Los orígenes: de empresario a narcotraficante
Carlos Orense Azócar no surgió de la nada en el mundo del crimen. Antes de su involucramiento en el narcotráfico, trabajó como funcionario aduanero e inspector financiero en Venezuela. En la década de 2000, se convirtió en propietario de una finca lechera en Anaco, pero su verdadero ascenso vino de la mano del Cártel de los Soles, una organización que utiliza uniformes militares y recursos estatales para proteger envíos de droga. Según la acusación del Departamento de Justicia de EE.UU., Orense facilitaba pistas de aterrizaje clandestinas en territorio venezolano, coordinaba pagos multimillonarios y aseguraba la protección de cargamentos de cocaína procedentes de Colombia, con destinos en Puerto Rico, República Dominicana, México y, finalmente, Estados Unidos.
Sus conexiones eran de alto nivel: testimonios en el juicio lo vincularon directamente con Hugo Armando Carvajal Barrios, alias «El Pollo», exjefe de inteligencia militar venezolana; Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional; y Tareck El Aissami, exvicepresidente. Orense pagaba sobornos a militares venezolanos para usar uniformes oficiales en operaciones de seguridad y obtenía combustible de PDVSA para aviones y lanchas rápidas «go-fast boats». Envíos clave incluyeron 5.000 kilogramos a México en 2007-2008 y múltiples cargamentos de 1.000 kilogramos en Caracas entre 2008 y 2009. En 2016, interceptaciones marítimas de la Guardia Costera de EE.UU. decomisaron cerca de 1.250 kilogramos en operaciones vinculadas a él.
Orense, dijo el juez, no era un simple transportista sino que cumplió un rol estructural en la organización criminal. Testigos cooperantes (identificados como CW-1, CW-2, CW-3 y CW-4 en documentos judiciales) describieron cómo armaba equipos con ametralladoras AK-47, M4 y FN P90 para proteger los envíos, violando leyes federales sobre armas en relación con delitos de drogas. A diferencia de otros acusados como Carvajal o Clíver Alcalá Cordones, Orense rechazó cooperar con la justicia estadounidense, lo que eliminó cualquier posibilidad de reducción de pena.
El proceso judicial: de la extradición a la condena
Arrestado en Italia en abril de 2021 bajo una alerta roja de Interpol, Orense fue extraditado a EE.UU. en 2022. El caso, United States v. Azocar (1:21-cr-00379, SDNY), se inició con cargos por conspiración para importar cocaína (21 U.S.C. § 963), violación de leyes marítimas de drogas (46 U.S.C. § 70506), y posesión de armas en delitos violentos (18 U.S.C. § 924(c) y (o)).
El juicio, que duró 12 días en diciembre de 2023, presentó evidencia abrumadora: testimonios de cooperantes, registros de comunicaciones y decomisos. El jurado lo declaró culpable en tres de cuatro cargos, absolviéndolo solo del relacionado con lanzagranadas. La fiscalía enfatizó el daño causado por el flujo de cocaína a EE.UU., mientras la defensa cuestionó la credibilidad de los testigos.
La defensa presentó mociones para un nuevo juicio en mayo de 2025, argumentando insuficiencia de pruebas, pero el juez Broderick las rechazó. La sentencia se aplazó repetidamente: de octubre de 2025 a diciembre 10 de 2025, y nuevamente en esa fecha, convirtiéndose en una conferencia de estatus. El juez anunció una decisión escrita inminente, considerando factores humanitarios bajo 18 U.S.C. § 3553(a). Hoy negó todas las mociones que la defensa quiso presentar a última hora, y que busca ganar dos semanas más de tiempo. Los fiscales se negaron a la petición y advirtieron que Orense Azócar debía ser sentenciado y pidieron cadena perpetua más 30 años.
La sentencia de cadena perpetua
La condena finalmente se impuso este 12 de enero de 2026. La defensa aspiraba una pena mínima obligatoria: 30 años por los cargos de drogas más 10 años consecutivos por armas, totalizando 40 años. «Para un hombre de 70 años con hipertensión, diabetes tipo 2 y problemas prostáticos, esto significa morir en prisión —una cadena perpetua de facto» alegó la defensa en un memorando de 13 páginas, en el que suplicó clemencia, citando su rol familiar (padre y abuelo devoto), falta de antecedentes previos y las duras condiciones en MDC Brooklyn: apagones, confinamientos prolongados, violencia diaria y atención médica deficiente. Cartas de familiares, como su hija Virmaryz, describen el impacto emocional: nietos preguntando por su regreso, temiendo que nunca vuelva.
La fiscalía, por su parte, insistió que ese caso merecía cadena perpetua más 30 años, destacando la escala del crimen y su rechazo a colaborar. Orense anunció que apelará la sentencia, tal cual hizo con el veredicto, pero las perspectivas son sombrías.
Implicaciones más amplias: un golpe al Cártel de los Soles
Este caso expone cómo el Cártel de los Soles opera como una extensión del Estado venezolano, exportando no sólo droga, sino corrupción y violencia. Orense Azócar podría haber sido un testigo clave en los juicios contra Maduro y otros, pero su silencio lo condena. En un contexto donde Venezuela es un hub de narcotráfico —con reportes de 2024 señalando pagos a militares por protección—, su caída envía un mensaje: la justicia estadounidense no ceja en desmantelar estas redes.
El juez Broderick, determinó el destino de «El Gordo» y recordó que pasará su vida en prisión, porque simboliza el costo de aliarse con el narcoterrorismo. Sus aliados Hugo Carvajal, Néstor Reverol, Luis Buitriago, Tareck El Aissami les espera sentencia similares. Clíver Alcalá Cordones fue condenado a 21 años 8 meses de prisión.
Tomado de Carlos Orense Azócar, operador del Cártel de los Soles fue condenado a cadena perpetua más 30 años