La verdadera transición democrática en Venezuela depende de la reinstitucionalización del país, así como del cese definitivo del modelo de secuestro estatal vigente que mantiene a la nación en un clima de incertidumbre institucional que amerita el desmantelamiento de la represión para recuperar la soberanía económica y jurídica.
Quien así lo sostiene es el analista político, Genaro Mosquera, quien analizó la profunda inestabilidad política que atraviesa Venezuela luego del desplazamiento del régimen ilegítimo de Nicolás Maduro y la consiguiente instauración de una administración provisional en manos de Delcy Rodríguez bajo tutela del gobierno de Estados Unidos.
Mosquera describe este escenario de incertidumbre institucional como la convivencia de un doble discurso oficialista con la intervención estratégica de potencias como Estados Unidos.
Detalla la existencia de un triunvirato de poder en disputa, conformado por facciones militares debilitadas, grupos paramilitares y una dirigencia interina que oscila entre la sumisión y la retórica revolucionaria. Una narrativa que enfatiza la decadencia del mando militar el cual urge desmantelar.
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La transición política en Venezuela
Una compleja coyuntura política rige en Venezuela tras la salida del poder del «presidente ilícito» que ostentaba el poder, Nicolás Maduro, con la consiguiente instauración de un gobierno provisional en manos de Delcy Rodríguez bajo la influencia directa de la administración de EE. UU.
Y es que la transición democrática en Venezuela depende de la reinstitucionalización como ya se apuntó, en razón de la profunda ruptura e incertidumbre que los hechos supusieron. Se trata de un modelo donde la gobernanza está marcada por un tutelaje ejercido por los Estados Unidos, específicamente la administración de Donald Trump y la CIA.
El analista político, Genaro Mosquera, considera que, a pesar del cambio en la cúpula, persiste una estructura de poder comprometida con prácticas del régimen anterior, lo que incluye la persecución de opositores y el control militar corrupto. Mosquera observa un fenómeno de doble discurso, toda vez que mientras el gobierno provisional acata directrices externas para transicionar hacia una economía liberal, mantiene en público una retórica revolucionaria y soberanista.
Urge, pues, para la lograr estabilidad futura del país, restablecer las instituciones, desarmar a los grupos paramilitares —los colectivos— y la superación de la inercia popular causada por años de miedo y supervivencia.
El marco del tutelaje de Estados Unidos
Genaro Mosquera describe la transición política en Venezuela no como un proceso autónomo, sino como una medida tutelar diseñada para evitar un vacío de poder absoluto y frenar el modelo socialista antidemocrático imperante en el país desde que el chavismo llegó al Ejecutivo.
La administración estadounidense de Donald Trump ejerce un papel de tutor para detener el sistema previo. Este tutelaje se manifiesta en el control del bloqueo económico y aeronaval, así como en acciones directas contra el tráfico de drogas y el comercio petrolero irregular.
Igualmente, el director de la CIA, John Ratcliffe, es la figura de la que emanan directrices directas a la presidencia provisional.
Mosquera recordó que mediante una operación militar de «fuerza relámpago» se logró la captura y extracción del comandante en jefe anterior, Nicolás Maduro, desde la instalación militar más importante de Venezuela, sin necesidad de una invasión total. Con esta acción documentada y procesada por la justicia internacional y norteamericana se logró defenestrar el poder previo.
Estructura del poder provisional y el «triunvirato»
El vacío dejado por el régimen de Maduro fue llenado por una estructura provisional que genera controversias internas, así como una «insólita repartición del poder», advierte Genaro Mosquera.
Refiere que se configuró un triunvirato artificial, un esquema de poder compartido compuesto por tres facciones principales, a saber:
Presidencia provisional: ejercida por la exvicepresidenta, Delcy Rodríguez, designada teóricamente para dar estabilidad operativa. Su gestión está condicionada al manejo indirecto de los ingresos petroleros bajo supervisión externa.
Facción paramilitar: a cargo de Diosdado Cabello, un integrante que afirma ostentar poder basado en fuerzas paramilitares con capacidad de desestabilización nacional.
Formalidad militar: un liderazgo a cargo de Vladimir Padrino López que intenta demostrar confianza y capacidad de reacción, aunque su reputación se vio comprometida tras la extracción de su líder bajo su custodia.
Genaro Mosquera deja saber las contradicciones de esta gestión, caracterizada por el hecho de gran parte del ejecutivo defenestrado permanece en cargos de administración civil y militar por conveniencia.
Al mismo tiempo, destaca la hipocresía discursiva de este gobierno provisional, pues existe una brecha entre las acciones privadas y las declaraciones públicas.
Discurso público (narrativa)Realidad operativa (realpolitik) Soberanía nacional y «revolución eterna».Obediencia a las directrices del tutor (CIA/EE. UU.). Promesas de aumento de sueldos y dolarización.Necesidad de abrirse a una economía liberal y mercados internacionales. Nacionalismo y rechazo al imperialismo.Rendición de pleitesía y obediencia al tutor externo.
Las Fuerzas Armadas y la seguridad interna
Genaro Mosquera subraya que la institución militar se encuentra en un proceso de erosión y desconfianza, esto en razón del descrédito del Estado Mayor, al cual se le percibe como cómplices de un régimen corrupto, más interesados en el beneficio económico derivado del petróleo, el oro, los alimentos y el narcotráfico que en la defensa de la Constitución.
Precisa que tras la «extracción» de Maduro existe un temor generalizado en las filas oficialistas ante la posibilidad de nuevas capturas. Se inició un reemplazo de generales, muchos de ellos ya señalados por corrupción.
Agrega que la tutela militar cubana fue diezmada y se encuentra en retirada, mientras que el equipamiento de origen ruso, chino e iraní no pudo evitar el fracaso militar frente a la acción estratégica externa.
Sin embargo, Mosquera advierte que la amenaza de los colectivos se mantiene porque estos grupos mantienen el poder en los barrios. Alerta que la dirigencia provisional no tiene la voluntad de desarmarlos, lo que representa un riesgo crítico para la estabilidad futura.
Desafíos económicos y sociales
Genaro Mosquera reitera que el gran desafío para la transición democrática en Venezuela depende de la reinstitucionalización.
Especifica que el país atraviesa una etapa de transición económica obligada por la presión externa, pero que es frenada por la improvisación gubernamental.
Los retos son:
Transición al liberalismo: la presidencia provisional debe abandonar los esquemas socialistas para conectarse con mercados liberales, buscando normalizar la economía y abrir el sector petrolero.
Inestabilidad social: la calle sigue experimentando represión. Mosquera describe un sistema de «puerta giratoria» para los presos políticos: algunos salen con libertad condicional mientras otros entran por el simple hecho de manifestar alegría ante el cambio de régimen.
Inercia popular: la población se encuentra en un estado de supervivencia y miedo, producto del secuestro previo del país por fuerzas externas, a saber, grupos terroristas, narcos y mando extranjero en cuarteles.
Condiciones necesarias para la democratización
Genaro Mosquera concluye que para alcanzar la «normalidad esperada», el gobierno provisional debe cumplir con una serie de requisitos fundamentales:
Reinstitucionalización: reinventar los partidos políticos y crear un nuevo sistema electoral transparente.
Elecciones legítimas: preparar las bases para elegir una nueva Asamblea Nacional y, eventualmente, un gobierno democráticamente electo.
Justicia: formular juicios contra torturadores y violadores de derechos humanos, y juzgar a las «fichas mayores» del régimen previo.
Saneamiento de seguridad: desarmar a los colectivos, desmantelar los aparatos represivos y reorganizar de forma justa las fuerzas armadas.
Reforma económica real: lograr una economía de precios manejable bajo la estructura de dolarización existente, asegurando que esté al alcance del ciudadano común.
«Estamos viviendo tiempos de ruptura, incertidumbre y de una inercia popular producto del miedo y la supervivencia. Necesitamos un verdadero cambio y la salida de un modelo que secuestró un país», remata Mosquera.
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