Carlos Eduardo Orense Azócar tiene una carta bajo la manda: Colaborar con la justicia de los Estados Unidos y convertirse en testigo de los juicios de los principales cabecillas del Cártel que hoy en día controla el estado venezolano.
El operador del Cartel de los Soles mueve sus hilos: aplazan nuevamente la sentencia de Carlos Orense Azócar
En el corazón de Nueva York, bajo los reflectores del sistema judicial más implacable contra el narcotráfico transnacional, el nombre de Carlos Orense Azócar resume una historia que va más allá de un acusado. Conocido como “El Gordo”, este venezolano de 70 años espera una sentencia que, por su edad y el mínimo obligatorio, equivale a cadena perpetua. El escenario es la Corte del Distrito Sur de Nueva York, y el expediente —United States v. Carlos Orense Azocar, 21 Cr. 379 (VSB)— se ha convertido en una radiografía del narcotráfico de Estado.
El jurado fue contundente en diciembre de 2023: culpable. Doce días de juicio bastaron para probar que Orense Azócar operó como engranaje logístico del Cártel de los Soles, facilitando rutas aéreas clandestinas, pagos multimillonarios y envíos de cocaína por miles de kilogramos hacia Estados Unidos. Testigos cooperantes, registros de comunicaciones y decomisos de alto tonelaje apuntalaron una acusación que describió una maquinaria aceitada con respaldo institucional venezolano, incluidos nexos con estamentos militares y la petrolera estatal.
El caso también exhibe la cooperación internacional: arrestado en Italia en 2021, Orense fue extraditado a EE. UU. en 2022. Desde entonces permanece recluido en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, una cárcel federal señalada por condiciones extremas. La defensa ha intentado revertir el veredicto con mociones por supuesta insuficiencia probatoria y cuestionamientos a la credibilidad de testigos, pero todas fueron rechazadas en mayo de 2025 por el juez Vernon S. Broderick.
La audiencia que no sentenció
La condena, originalmente fijada para el 10 de diciembre de 2025, derivó en una conferencia de estatus. La defensa pidió 60 días adicionales para “ajustes” con abogados suplementarios, subrayando factores humanitarios: edad, enfermedades crónicas y la dureza del encierro. La fiscalía se opuso. El juez aceptó parcialmente y anunció una decisión por escrito. El telón quedó en suspenso.
El núcleo del debate es ineludible: la pena mínima obligatoria asciende a 40 años —10 por conspiración de drogas y 30 consecutivos por armas bajo 18 U.S.C. § 924(c)—, lo que para un hombre de 70 años es una condena a morir preso. La estrategia defensiva intenta humanizar al acusado; la fiscalía insiste en la magnitud del daño y en la naturaleza estructural del crimen.
Una trama que salpica al poder
Más allá del calendario judicial, el caso golpea al corazón del poder en Venezuela. La investigación y el juicio describen un modelo donde crimen y Estado se superponen. Nombres de alto perfil han aparecido en el contexto del expediente y en análisis especializados, desde Diosdado Cabello hasta Tareck El Aissami, como parte del ecosistema político señalado por la fiscalía y por investigadores independientes. La sombra de Hugo Carvajal —procesado en EE. UU.— refuerza la tesis de un entramado sistémico.
La cobertura que conecta los puntos
La periodista Maibort Petit ha seguido el caso con lupa, tanto en su portal como en Sin Filtros Geopolítica. Sus investigaciones detallan cómo Orense Azócar habría operado durante casi dos décadas, la negativa del acusado a cooperar con la justicia estadounidense y el significado político del expediente: un precedente contra el narcotráfico protegido por el Estado. Sus análisis advierten que, si el acusado decidiera hablar, el impacto podría escalar hacia jerarcas aún intocables.
Lo que está en juego
La decisión final del juez Broderick no será solo una cifra de años. Marcará el pulso entre la severidad de la ley y las consideraciones humanitarias, pero también enviará un mensaje geopolítico: las fronteras no blindan a quienes financian el poder con cocaína y armas. Mientras la sentencia se demora, el caso Orense Azócar sigue siendo una bomba de tiempo para las redes que convirtieron a Venezuela en plataforma del narcotráfico. El veredicto ya existe; falta el golpe final del martillo.
Tomado de De operador del Cártel de los Soles a prisión perpetua en EE. UU.: el caso “El Gordo”