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En Caracas, la capital de Venezuela, conviven personas con distintas realidades socioeconómicas. Aunque no la mayoría, algunas familias tienen un alto poder adquisitivo y pueden costear una educación de calidad para sus hijos en colegios privados de renombre. Estos colegios, como el Colegio Emil Friedman, el Colegio Humboldt, el Colegio Americano de Caracas, el Instituto Cumbres de Caracas, el Colegio Jefferson o el Colegio Champagnat, entre otros, son considerados como sinónimo de prestigio académico y están entre los predilectos de lo que algunos llaman la burguesía caraqueña.

Colegio Emil Friedman, Colegio Humboldt, Instituto Cumbres de Caracas y Colegio Jefferson

Sin embargo, no todos los egresados de estos colegios han hecho honor a la educación y los valores que se supone que recibieron. Algunos de ellos han sido protagonistas de tramas de corrupción, fraude, estafa, lavado de dinero y malversación de fondos públicos y privados. Varios de esos jóvenes, devenidos en empresarios, conocidos como los «bolichicos», aprovecharon la era del chavismo para hacer fortuna en tiempo récord, a costa del erario nacional y de sus propios compatriotas. Otros, aunque no han tenido que ver con el sector público venezolano, también han sido protagonistas de sus propios escándalos.

Algunas historias escandalosas

A continuación recordamos algunas historias sobre algunos de los «ilustres» jóvenes egresados de famosos colegios privados caraqueños, que han causado revuelo en los medios de comunicación y en la opinión pública por los escándalos en los que se han visto envueltos en años recientes.

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Los bolichicos: jóvenes empresarios venezolanos que se enriquecieron con el chavismo y se asentaron en España

Un grupo de jóvenes empresarios venezolanos, conocidos como los «bolichicos», logró acumular una gran fortuna en su país natal gracias a la adjudicación de contratos millonarios por parte del gobierno de Hugo Chávez. Sin embargo, su actividad empresarial es desde hace años cuestionada por presuntas irregularidades y denunciadas en Estados Unidos por supuestos delitos de corrupción y fraude. A pesar de ello, un tribunal de Nueva York desestimó algunas de las acusaciones.

Los bolichicos decidieron trasladarse a España, donde compraron propiedades de lujo y crearon varias empresas inmobiliarias, algunas sin empleados. También son los dueños de una finca que perteneció al empresario Gerardo Díaz Ferrán, condenado por estafa y blanqueo. Además, algunos de ellos están vinculados a la familia de Luis Alfonso de Borbón, bisnieto del exdictador español Francisco Franco.

Los contratos con el gobierno de Chávez

Leopoldo Alejandro Betancourt López

Entre los bolichicos destacan Leopoldo Alejandro Betancourt López, su primo Pedro Trebbau López y su amigo Francisco D’Agostino Casado. Los tres fundaron en 2007 la empresa Derwick Associates Corporation, dedicada al sector de la energía y la electricidad. Entre 2009 y 2011, esta empresa obtuvo 11 contratos del gobierno de Chávez para construir centrales eléctricas en Venezuela, en medio de una crisis energética que afectaba al país.

Según fuentes conocedoras de estas operaciones, el presupuesto total de los contratos fue de alrededor de los 1.400 millones de dólares. Sin embargo, el valor exacto sigue siendo una incógnita. Lo que sí se sabe es que Derwick Associates no tenía experiencia previa en el sector ni domicilio comercial en Venezuela. Tampoco cumplió con la ejecución completa de ninguno de los contratos, según consta en el Sistema Nacional de Contrataciones de Venezuela.

Los contratos fueron adjudicados por Electricidad de Caracas y Petróleos de Venezuela (PDVSA), empresas públicas cuyos presidentes en esa época eran Javier Alvarado Ochoa y Rafael Ramírez, respectivamente. Ambos han sido investigados por presunto blanqueo de dinero en la Banca Privada de Andorra (BPA).

La llegada a España

Los bolichicos iniciaron su actividad empresarial en España en mayo de 2009, antes de conseguir el primer contrato del gobierno chavista. La primera empresa que registraron fue Tenoti Inmobilien, una promotora inmobiliaria administrada por un venezolano llamado José Alfredo Blanco, quien también creó las demás empresas de estos jóvenes empresarios.

Entre 2009 y 2012, los bolichicos registraron siete empresas en España, coincidiendo con los años en los que Chávez les adjudicó los contratos. Estas empresas son: Guanabana Real State, Eiffel Real State, Derwick Associates International (luego renombrada como Compañía de Inversiones Agrícolas Trieste), Jab International Projects y New Field Investments.

Estas empresas poseían hasta el año 2016 cinco viviendas y un garaje en el Barrio de Salamanca de Madrid, además de la finca El Castillo del Alamín, ubicada en Santa Cruz del Retamar (Toledo), con una extensión de 1.397 hectáreas. Esta finca fue comprada por 22.790.000 euros en 2011, justo después de que Derwick Associates se adjudicara la construcción de las centrales eléctricas en Venezuela.

Los vínculos con la familia Borbón

Los bolichicos también tienen relación con la familia Borbón, descendiente del dictador Franco. Francisco D’Agostino está casado con María Victoria Vargas, hermana de Margarita Vargas, esposa de Luis Alfonso de Borbón. Ambos son directores suplentes del Banco Occidental de Descuento, propiedad del suegro de ambos, Víctor Vargas. Además, D’Agostino es hermano de la mujer del político venezolano Henry Ramos Allup.

Francisco D’Agostino

En el año 2021,  Francisco D’Agostino fue incluido en la lista de sancionados de la OFAC por su participación en una trama de contrabando de petróleo venezolano.

Leopoldo Alejandro Betancourt es bisnieto de Hermógenes López, presidente de Venezuela entre 1887 y 1888. Se graduó en Economía y Administración de Empresas por la Suffolk University de Massachusetts (EEUU). Está casado con Andreína Rojas, con quien contrajo matrimonio en la Iglesia de Los Jerónimos (Madrid). Su madre, Lilia López, fue pareja del ahora fallecido torero Sebastián Palomo Linares.

Pedro Trebbau López

Pedro Trebbau se licenció en Ciencias Aplicadas por el Boston College. Antes de fundar Derwick Associates junto a su primo Betancourt, trabajó ocho meses para la multinacional Procter & Gamble. Es considerado un empresario discreto que intenta pasar desapercibido.

Los bolichicos forman parte de la llamada boliburguesía venezolana, un término que se usa para referirse a los empresarios que se han enriquecido con el chavismo. La única diferencia entre los bolichicos y los boliburgueses es la edad. Los primeros son jóvenes que aprovecharon las oportunidades que les brindó el gobierno de Chávez, mientras que los segundos son más veteranos y tienen una trayectoria más consolidada.

La finca El Castillo del Alamín

Los dueños de Derwick Associates, una empresa venezolana que se hizo millonaria con contratos de energía en su país, han invertido parte de su fortuna en España. Una de sus operaciones más llamativas fue la compra de una finca de lujo que pertenecía al expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, quien estuvo en prisión por varios delitos. Esta transacción inmobiliaria levantó sospechas de blanqueo de capitales y fue investigada por la policía.

La finca se llama El Castillo del Alamín y está ubicada en Santa Cruz del Retamar (Toledo). Era propiedad de Pulpi, una de las empresas del grupo Marsans, entidad que entró en concurso de acreedores en 2010.

En 2012, el Juzgado de lo Mercantil número 9 de Madrid ordenó la subasta de la finca para liquidar las deudas de Pulpi. El precio mínimo se fijó en 17 millones de euros. Los interesados en adquirir la propiedad fueron los empresarios Alberto Cortina y Alberto Alcocer, conocidos como los Albertos, y Derwick Associates International, una sociedad radicada en Barbados y controlada por los bolichicos.

Los bolichicos son un grupo de jóvenes empresarios venezolanos que se hicieron ricos con contratos de generación eléctrica durante el gobierno de Hugo Chávez. Entre ellos se encuentran Leopoldo Alejandro Betancourt, Pedro Trebbau López, FCG y Francisco D’Agostino Casado, todos antiguos estudiantes de colegios caraqueños de renombre. En medios de comunicación fueron denominados así, en alusión a los boliburgueses, la élite económica surgida al amparo del chavismo.

Derwick Associates ofreció 22,7 millones de euros por la finca, casi seis millones más que el precio mínimo. Los Albertos se retiraron de la puja y la sociedad de los bolichicos se quedó con el inmueble.

Las sospechas de blanqueo

La compra de la finca no pasó desapercibida para las autoridades españolas. Un informe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) de la policía alertó en aquella época de un «posible blanqueo» en la operación. El informe se enmarcaba dentro de la investigación del caso Marsans, que afectaba al expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, y al empresario Ángel de Cabo, quienes estuvieron en prisión por delitos de blanqueo de capitales, alzamiento y ocultación de bienes, entre otros.

Según el informe, el intermediario que gestionó la venta de la finca fue Miguel Palomo Danko, hijo del torero Sebastián Palomo Linares. Él fue el encargado de contactar con los bolichicos y de cobrar una comisión de 806.940 euros por sus servicios. El informe señalaba que Palomo Danko tenía vínculos con Ángel de Cabo y que había participado en otras operaciones sospechosas de blanqueo.

El informe también indicaba que los bolichicos habían sido denunciados en Estados Unidos por crear una presunta estructura de sobornos para obtener contratos millonarios en Venezuela. Las denuncias fueron presentadas por el exembajador estadounidense en Venezuela, Otto Reich, y por el presidente de la Fundación de Derechos Humanos, el venezolano Thor Halvorssen. Sin embargo, hay que aclarar que un tribunal de Nueva York desestimó las acusaciones contra los dueños de Derwick.

Además, el informe mencionaba que el Parlamento venezolano, entonces de mayoría opositora, quería investigar el destino de 32.000 millones de dólares que el Estado venezolano había invertido en el sector energético. Los bolichicos habrían recibido una parte de ese dinero por sus contratos con el gobierno.

Otro aspecto que generó controversia fue el de los bienes muebles que había dentro de la finca. Se trataba de objetos personales de Gerardo Díaz Ferrán, como trofeos de caza, un piano, ropa, cadenas de música, objetos decorativos, televisores y objetos de porcelana. El plan de liquidación de Pulpi establecía que la empresa debía retirar esos objetos antes de la venta, pero eso no ocurrió.

Díaz Ferrán reclamó en varias ocasiones sus pertenencias, pero nunca se las devolvieron. El sumario del caso Marsans recoge sus quejas y sus intentos de recuperar sus bienes. Fuentes consultadas apuntan a Ángel de Cabo como la persona que se llevó los objetos, sin que se sepa qué hizo con ellos ni dónde están.

Los bolichicos y el saqueo a Pdvsa

Además de Leopoldo Alejandro Betancourt, otros bolichicos destacables son FCG y Mathias Krull quienes han sido acusados por la justicia de Estados Unidos de participar en una red que desvió más de mil millones de dólares de fondos públicos venezolanos.

FCG: el primo mal portado

FGC es hijo de dos respetables familias caraqueñas, pero desde joven mostraba una conducta rebelde y agresiva. Estudió en el Colegio Jefferson, uno de los mejores de la capital, donde era conocido como El Buitre por su tendencia al bullyng. Le gustaba salir de fiesta con las niñas del Colegio Merici, sus pares en dinero y apellidos de alcurnia. Era alto y de buen porte, pero bailaba con los puños apretados, lo que según una de sus amigas de aquellos años era una señal de que presuntamente consumía algún tipo de sustancia. Años después, en 2016, se encontró con esa misma amiga en el Country Club y le confesó, entre risas, que estaba «metido a bolichico».

El pequeño detalle es que FGC es sobrino de Lilia López Fraino y, por ende, primo de Leopoldo Alejandro Betancourt López, el bolichico más famoso por ser el presidente de Derwick Associates, la empresa que le vendió al gobierno de Hugo Chávez un lote de plantas eléctricas sin licitación ni experiencia previa en el sector. FGC no solo es primo, sino también socio de Derwick, la empresa cuestionada en Venezuela y en España por sus escandalosas relaciones con el gobierno chavista, que no se limitaron al caso de las plantas eléctricas, sino que se extendieron a la explotación de áreas petroleras a través de dos empresas mixtas, Petrozamora y Petrosur, acuerdo establecido en 2012 por un período de 25 años. En la asociación con ambas empresas mixtas figuran los nombres de Betancourt y FGC, así como el de una empresa holandesa-española, Stichting Administratiekantoor Inversiones Petroleras Iberoamericanas, que recibió irregularmente el campo 10 Junín de la Faja Petrolífera del Orinoco. Betancourt López también es socio fundador de Gazprombank Latín American Adventures, que comparte acciones con Petrozamora.

Orden en 2018 que declaró a FCG como fugitivo de la justicia de Estados Unidos

Cabe recordar que las plantas eléctricas de Derwick no resolvieron la crisis de energía que vivía el país en 2009 y 2010, pero Betancourt trató de mejorar su imagen pública y se acercó a algunos periodistas influyentes para convencerles de que sus plantas eran eficientes, pero que el gobierno no les hacía el mantenimiento adecuado. Tanto él como otro de sus socios, Pedro Trebbau, han sido vinculados con algunos «notables» opositores venezolanos que viven en Madrid, a quienes Betancourt invita a su mansión o les celebra los cumpleaños con lujos incluidos. Incluso se ha asegurado que Betancourt ha sido financista de Gustavo Guaidó, el hermano del antes autodenominado «presidente interino» de Venezuela, Juan Guaidó.

Mathias Krull: el exbanquero alemán que no es tan alemán

Mathias Krull

Mathias Krull es un joven alemán-venezolano, proveniente de una familia de clase media, que estudió en el Colegio Humboltd de Caracas y que tenía gustos muy precisos: hacer dinero, viajar mucho y salir en las páginas sociales. Cuando era delgado, solía aparecer en el portal Rumba Caracas disfrutando de algún evento. O en la prensa de Panamá, donde vivía hace algún tiempo, inaugurando el complejo gastronómico «Cool de Sac», una franquicia estadounidense que abrió en suelo panameño con una inversión de millón y medio de dólares. El negocio, que estuvo dirigido por su esposa Tatiana Seare, fracasó al año siguiente, pero eso no afectó la fortuna de la familia Krull, que vivía en una mansión en Altos del Golf y construía otra en la playa de Buenaventura, con obras de Jesús Soto y Cruz Diez en las paredes. Una vez, según un venezolano que los frecuentaba, se le dañó la camioneta, pero prefirió no repararla, sino comprar al día siguiente una nueva.

Krull trabajó en el Credit Suisse y en la agencia de Julius Baer en Caracas, donde manejaba cifras de 600 millones de dólares. Se dice que le manejaba el dinero a un exalcalde de El Hatillo, a una alta funcionaria del gobierno de Chávez y Maduro que también fue alcaldesa, y a alemanes residenciados en Venezuela. Sin embargo, de la empresa suiza Julius Baer, Krull se había retirado para incorporarse a un banco mucho menor, lo que hace sospechar que quizás lo «retiraron» debido a alguna delación sobre lo que se le venía encima, pues resulta extraño salir de un banco suizo gigante para uno que es apenas el 1% del tamaño de Bauer. Krull fue detenido en el aeropuerto de Miami mientras hacía escala, pues regresaba de Mallorca a Panamá.

La jet set venezolana en Madrid

Madrid es la ciudad preferida por muchos personajes de la alta sociedad venezolana que han decidido vivir fuera de su país natal. Entre ellos se encuentran empresarias, diseñadoras, artistas, cantantes y escritores que han sabido adaptarse al estilo de vida español. Algunos de ellos mantienen una estrecha relación con el mundo del toro, la moda y la cultura. Veamos quiénes son y dónde se reúnen estos venezolanos vip.

Una de las venezolanas más influyentes en Madrid es Eliza Arcaya, amiga íntima de Carolina Adriana Herrera, hija de la famosa diseñadora del mismo nombre. Eliza llegó a España hace más de veinte años y se dedicó al diseño y a los negocios. Junto con Carolina Adriana, abrió una tienda de productos y talleres infantiles llamada Baby Deli, en la calle Alcalá. Pero su mayor éxito ha sido el Café Murillo, situado frente al Museo de El Prado, que se ha convertido en un punto de encuentro de la comunidad venezolana de clase alta en Madrid. Allí ofrece una gastronomía variada, con algunos platos bautizados por el escritor y presentador Boris Izaguirre, otro venezolano ilustre que suele frecuentar el local. Eliza también es socia de otro café, el Velazquez 17, junto con Johanna von Müller-Klingspor Pesquera, una venezolana de padre alemán casada con un ejecutivo español.

Margarita Vargas es otra heredera millonaria que ha encontrado el amor en España. Es la hija de Víctor Vargas, al que ahora los ahorristas en Venezuela de su desaparecido Banco Occidental de Descuento (BOD), acusan de fraude y estafa. Margarita se casó en 2004 con Luis Alfonso de Borbón, el pretendiente legitimista al trono de Francia. La boda fue un acontecimiento mediático que reunió a la alta sociedad española y venezolana.

Otra venezolana que ha tenido una relación con el mundo del toro es Lilia López, una empresaria que fue novia del fallecido Sebastián Palomo Linares, uno de los diestros más famosos de España. Lilia es la madre de Alejandro Betancourt López, el presidente de Derwick Associates, empresa que, como ya se ha explicado, estuvo involucrada en un escándalo de corrupción en Venezuela. Lilia López  es también madre de Lilia Jimena Begoña de Guzmán de Frutos, que también ha estado vinculada sentimentalmente con un torero. Se trata de Miguel Palomo Danko, el hijo de Palomo Linares y de la periodista Marta González. Algunos medios apuntaron que Lilia Jimena fue la causante del divorcio de Miguel y Marta, aunque ella lo negó. Lilia y sus hijos tienen un alto nivel de vida y prefieren las fincas al campo que los cafés urbanos.

Un «neobolichico» en el ojo del huracán

Jorge Andrés Giménez Ochoa

Jorge Andrés Giménez Ochoa es un joven empresario venezolano que ha saltado a la fama por su vinculación con el mundo del fútbol, la política y los negocios turbios. Su nombre ha sido relacionado con escándalos de corrupción, tráfico de influencias y violación de sanciones internacionales. ¿Quién es este personaje que se codea con altos funcionarios del régimen de Nicolás Maduro y que aspira a ser un magnate del deporte rey?

De la moda al fútbol

Nacido en Caracas en 1987, Jorge Giménez es hijo de Fenelón Giménez González y Bertriz (no Beatriz) Ochoa de Giménez, una pareja con antecedentes en el Zulia, Panamá y Bogotá.

Jorge Giménez creció en un ambiente donde la moral era flexible y donde la televisión mostraba los escándalos de la época o las telenovelas que criticaban al sistema político. Quizás por eso, desarrolló una ambición desmedida y una habilidad para aprovechar las oportunidades. Su primer negocio fue una tienda de ropa de lujo, que le valió el apodo de empresario de la moda. Pero pronto se dio cuenta de que había otros sectores más rentables y con más proyección.

En 2016, con solo 29 años de edad y en medio de la crisis económica que azotaba a Venezuela, Jorge Giménez se presentó ante la prensa como nuevo accionista del Deportivo Lara, un equipo de primera división del fútbol venezolano. Lo acompañaban su tío Silvio Ochoa y el presidente del club, Ender Luzardo. Nadie sabía de su interés por el fútbol, ni de su trayectoria como deportista. Lo que importaba era la imagen: un joven exitoso, con un traje casual y una actitud triunfadora. Era el inicio de su carrera como un «neobolichico».

De Barajas a Catar

Pero el fútbol no era el único objetivo de Jorge Giménez. También quería entrar en el mundo de la política y los negocios internacionales. Y para eso, contaba con el apoyo de algunos de los personajes más poderosos e influyentes del régimen de Venezuela.

En enero de 2020, Jorge Giménez fue uno de los cinco acompañantes de la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, en un viaje clandestino a Madrid, donde se reunió con el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Laboral del gobierno de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos. El encuentro, que se produjo en un salón VIP del aeropuerto de Barajas, causó un gran revuelo político y diplomático, ya que la vicepresidenta venezolana tenía prohibido pisar suelo europeo por las sanciones impuestas. No hubo fotos del evento, pero Jorge Giménez se encargó de que se supiera de su presencia.

Meses después, en junio de 2021, Jorge Giménez volvió a coincidir con Delcy Rodríguez, esta vez a Catar, donde se reunieron con el emir Tamim bin Hamad Al Thani, para supuestamente conversar sobre la formación de entrenadores y médicos especializados en fútbol.

Jorge Giménez Ochoa en Catar, a la derecha de la fotografía

Pdvsa-Cripto

Pero el fútbol y la política no son las únicas fuentes de ingresos de Jorge Giménez. También está involucrado en una trama de corrupción que afecta a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la principal empresa del país. Aunque no ha sido acusado formalmente por ese caso, algunas voces han relacionado a Giménez con la trama conocida como Pdvsa-Cripto, en operaciones petroleras millonarias en las que habría utilizado empresas de maletín, como Ripple Oil Trading Ltd.

Según el excomisario venezolano Iván Simonovis, el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF), Jorge Giménez; adeuda supuestamente a Pdvsa un total de 1.200 millones de dólares. Con parte de ese dinero, Jorge Giménez habría financiado sus inversiones en el fútbol venezolano.

 

 

Jorge Giménez Ochoa es, sin duda, un «neobolichico» en el ojo del huracán. Su nombre ha sido mencionado en varios medios de comunicación y redes sociales, como un ejemplo más reciente de la corrupción y la impunidad que imperan en Venezuela. Su fortuna, su poder y sus contactos lo han convertido en un personaje polémico y cuestionado, que representa a una generación de jóvenes que no tienen escrúpulos ni límites para conseguir sus objetivos.

Emulando a los bolichicos

José Alejandro Zamora y Ricardo Ramos D’Agostino

Conectados de alguna forma con la historia de Acción Democrática (AD), un partido político venezolano con un historial manchado por la corrupción y la malversación de fondos públicos, destacan dos figuras más jóvenes que tampoco tienen mucho que envidiar a los «neobolichicos», quienes también han estudiado en costosos colegios caraqueños. Uno de ellos es José Alejandro Zamora Yrala, quien estudió en el Colegio Emil Friedman y es hijo del exsecretario político nacional de AD, José Asiclo Zamora López.

José Alejandro Zamora Yrala se ha ganado recientemente un lugar en los titulares internacionales al estar involucrado en un escandaloso fraude que ha afectado la seguridad aérea global. Este neobolichico se dedicó a vender repuestos para motores de aviones a diversas aerolíneas de todo el mundo, presentándolos como nuevos cuando, en realidad, eran usados, reparados y de segunda mano. Este engaño incluyó la falsificación de documentos y firmas, lo que ha puesto en riesgo la vida de miles de personas.

Para llevar a cabo su negocio ilícito, Zamora Yrala estableció dos empresas: AOG Technics Ltd en Londres e Intergraph Usa Corp en Miami, esta última registrada por sus padres. A través de estas entidades, logró estafar a sus clientes y obtener ganancias millonarias, todo a costa de la seguridad de los pasajeros y las tripulaciones aéreas.

Aunque Zamora Yrala no pudiera catalogarse un «neobolichico» como tal, su conducta sí se asemeja a la de los «neobolichicos», al intentar hacer mucho dinero fácil sin importar las consecuencias.

Un ejemplo de «neobolichico» es hijo del exdirigente de AD, Henry Ramos Allup. Ramos D’Agostino se vio involucrado en un caso de estafa relacionado con Petróleos de Venezuela (PDVSA). Según una investigación periodística de 2022, estaría vinculado a una red que utilizaba información confidencial y privilegiada para cometer fraudes contra la empresa estatal.

La red operaba a través de la empresa Helsinge Inc, creada por Francisco Morillo y Leonardo Baquero, con el propósito de eludir restricciones y acceder a licitaciones y contratos de PDVSA. Helsinge Inc favorecía a 27 empresas petroleras internacionales, y se alega que la familia Morillo-Friedman, propietaria de la empresa, habría contribuido económicamente al partido AD.

Ramos D’Agostino ingresó a trabajar en Helsinge Inc por recomendación de su familia y su nombre figuraba en documentos como uno de los «contactos» de la empresa. La vicepresidenta chavista, Delcy Rodríguez, denunció en 2020 que esta banda criminal había operado durante una década manejando información confidencial de PDVSA.

Esta situación sugiere que la corrupción parece ser una tendencia que se transmite de generación en generación dentro del partido AD.

En definitiva, casos como estos dejan en evidencia que la educación costosa y los valores no siempre van de la mano.

Los casos Zamora Yrala y Ramos D’Agostino evidencian cómo el fraude y la corrupción en el partido venezolano Acción Democrática (AD) parecieran ser hereditarios



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